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Pueblo Originario | October 22, 2017

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Ruinas de Quilmes: la verdadera historia – Parte III

Ruinas de Quilmes: la verdadera historia – Parte III

En esta última parte queremos resaltar la cultura y organización de los Quilmes; lo que nos aclara y nos testifica, que las famosas Ruinas no fueron hechas por ellos, sino por una cultura superior.En nuestras anteriores entregas sobre las Ruinas de Quilmes, del libro “LA FORTALEZA-TEMPLO DEL VALLE CALCHAQUI”  de Alfredo Turbay, hemos presentando de los Quilmes, su origen, traslado a los valles y el encuentro con otras parcialidades indígenas, que nos llevarían hasta las guerras Calchaquíes contra los españoles. En esta última parte queremos resaltar la cultura y organización de los Quilmes; lo que nos aclara y nos testifica que las famosas Ruinas no fueron hechas por ellos, sino por una cultura superior. En posteriores números, les presentaremos “las Ruinas de Quilmes” con toda la belleza y perfección que nos hablan, a ciencia cierta, de una cultura superior que había caído en decadencia, antes de la llegada de los españoles.
Por ahora, nuestra última parte de este primer capítulo.

5-Nivel cultural y experiencia en construcciones líticas de los Quilmes.
Para poder atribuirle a la parcialidad indígena que estamos estudiando, la construcción en piedra de la ciudad fortificada del Cerro Alto, corresponde averiguar si, por su nivel cultural y su experiencia en construcciones similares, estaba realmente capacitada para realizarla.
¿Cómo eran sus viviendas en Quimebis cerca del Colorado en lo que es hoy la Provincia de La Rioja? ¿Acostumbraban nivelar con terrazas la fuerte pendiente de las laderas de los cerros para crear esa sensación, casi metafísica, de horizontalidad?
Quizá sus viviendas, como un detalle de lujo para la época, tenían paredes dobles de piedra con relleno de cascajo en el medio para que la vista del muro fuera, de ambos lados, igualmente bella. O, tal vez, conocían la difícil técnica de realizar muros curvos, en talud, es decir, sabiamente inclinados para resistir mejor el empuje horizontal del relleno.
Esto es sólo una ínfima parte de lo que hubiera habido que investigar, para afirmar, como lo hicieron Don Pedro Lozano y Don Juan b. Ambrosetti que los Quilmes fueron los constructores del poblado fortificado que estamos estudiando. Pero, posiblemente por falta de medios materiales o de tiempo, no lo pudieron hacer. Además, ahí estaba el nombre puesto por los españoles “Fuerte de San Francisco de los Quilmes”, ¿para qué investigar ante tal denominación?
¡Y ambos cayeron, al transitar la oscura selva de la Prehistoria, en la trampa del error! Lo decimos por segunda vez y, más adelante lo probaremos, el gobernador Don Alonso de Mercado y Villacorta –deficiente político, pero excelente militar- sabía muy bien quienes habían construido lo que el llamaba “el fuerte”, abandonado hacía décadas por sus verdaderos constructores.
Es lógico pensar que si los Hualfines, por ejemplo, estuvieran ocupando, transitoriamente, un cerro cualquiera, el gobernador diría a uno de sus capitanes: “Ve al cerro de los Hualfines y ocúpalo”; como diría cuando los Quilmes ocupaban el fuerte “Ve al fuerte de los Quilmes y tómalo”.
El nombre, al que los religiosos le agregaron lo de “San Francisco” perduró y luego, como dijimos, se tejió la fábula.
No podemos, por razones obvias, contentarnos con estas suposiciones y con la ayuda, otra vez, de Don Salvador Canals Frau (10), habremos de ver cómo eran las casas de los Quilmes en su pueblo riojano y si tenían o no la habilidad y experiencia en construcciones líticas. En la pág. 497, podemos leer:
“la vivienda de los Capayanes solía construirse debajo de un gran árbol, cuya copa servía de techo. Las paredes eran de barro, adobe o quincha. Todavía hoy es posible ver en la parte norte del Valle de Vinchina, ranchos de los actuales pobladores que siguen construyéndose así. El ajuar era pobre, y el techo, al menos al decir de los misioneros, no eran otra cosa que “el suelo desnudo…o un poco de ceniza o arena menuda”.
Los Quilmes ni los otros Capayanes tenían cultura lítica, es decir, no acostumbraban o no sabían trabajar la piedra que abundaba en su hábitat precordillerano y por esos sus casas eran de adobe, barro o quincha y, como techo, ¡un árbol!
No hay vestigios de construcciones de piedra que hayan realizado alguna vez los Quilmes y no evidenciaron tener jamás el desarrollo cultural, como planificar y realizar la monumental construcción del Cerro del Alto. No existe una “Cultura Quilmebis” como existe una prestigiosa “Cultura Santamariana” o “Belén” o “Condorhuasi” o la “Aguada”.
6-  Conclusiones. En la apretada síntesis hemos tratado de narrar la verdadera historia de los Quilmes que sintetizamos de esta manera:
1-      Origen: Procedían de La Rioja y eran de las tres parcialidades de los Capayanes; hablaban la lengua cacana de los diaguitas y calchaquíes con “diferencias dialécticas de importancia”. (11)
2-      Bravura en la guerra: En la Guerra Calchaquí fueron numerosos los pueblos que lucharon denodadamente en defensa de su libertad, entre ellos, los Quilmes. Pero no ha trascendido, con fundamentos histórico, ningún hecho de armas que justifique cualidades excepcionales de bravura. Su cacique Martín Yquisi, es solo conocido como un numeral más en la nómina que Pedro Bohórquez presentó al gobernador Alonso de Mercado y Villacorta el 4 de Agosto de 1657. Esta larga guerra contra el invasor hispano, dejó para la historia, el nombre de tres caciques legendarios –ninguno era de Quilmes-: Cacique Viltipoco, de los Omaguacas; Cacique Juan Chelemin, de los Hualfines y Cacique Juan Calchaquí de los Calchaquíes.
3-      Nivel cultural: Cuando, en la segunda parte de este libro, estudiemos el cuadro cronológico de las culturas indígenas, realizado previa consulta con los autores de mayor autoridad en la materia, se verá que no figuran, para nada, los Quilmes; y es porque no descollaron culturalmente; no fueron más que una reducida tribu de nivel cultural medio, agricultores posiblemente con riego y recolectores de algarroba, chañar, mistol, tuna, etc. Alfareros carentes de rasgos distintivos que lo caracterizan especialmente. Sus viviendas eran de quincha y barro y las construcciones líticas –pucaras- de su hábitat cuyano primitivo debieron ser ejecutados durante la dominación incaica.
4-      Nivel político: Los Quilmes no fueron más que una tribu constituida, como ya dijimos, por 1300 a 1700 indios, incluidos unos 300guerreros, otras tantas mujeres y el resto integrado por niños, ancianos y decrépitos que formaban “la chusma”. El gobierno estaba ejercido por un cacique auxiliado, en lo mágico-religioso, por un “machi” o brujo. Es factible que cuando la gravedad de las circunstancias lo exigían se formara y se consultara a un consejo de ancianos para asesorar al cacique. Inmigraron al Valle Calchaquí  posiblemente corridos de la región cuyana por los fantasmas del hambre y la miseria y, tras guerrear por la subsistencia con sus forzados anfitriones, los calchaquíes, se instalaron en él, por entonces, ya abandonado poblado del Cerro del Alto o en algún otro lugar que ignoramos. De lo que sí estamos seguros, es que no existen evidencias arqueológicas ni de ningún otro tipo, que prueben una organización socio-política y un nivel cultural y técnico para planificar, “financiar” con excedentes agrícolas y realizar, una obra como la que motiva este estudio.
Para finalizar, digamos que, como ya anticipamos en 2 Capítulo y lo probaremos en la tercera parte de este volumen, por la magnitud de las construcciones que cubren más de 130 Hectáreas; por las evidencias de un acertado planeamiento arquitectónico con innegable criterio de funcionalidad y belleza, la obra tuvo que ser realizada por una nación indígena de alta cultura que, ineludiblemente, debía llenar los requisitos mínimos del 2 capítulo. Esas altas culturas, como ya anticipamos, pudieron ser la de Tiwanaku o la del Imperio Inca, las que habremos de estudiar en la 2 parte de este libro; después de lo cual, seguir creyendo en “la fábula de los indios Quilmes” será, a nuestro juicio, una inexcusable ingenuidad.
(10) Canals Frau S. 1973, pág. 497.
(11) Canals Frau S. 1973, pág. 501.

 

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