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Pueblo Originario | March 26, 2017

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Ruinas de Quilmes: la verdadera historia – Parte II

Ruinas de Quilmes: la verdadera historia – Parte II

Para llegar a la verdadera historia,  es necesario ver uno de los mayores acontecimientos históricos, que marcaron el futuro del actual Valle Calchaquí: “Las guerras calchaquíes contra el español”.

En nuestro artículo “Ruinas de Quilmes: la verdadera historia – Parte I, el autor de “LA FORTALEZA-TEMPLO DEL VALLE CALCHAQUI” , el Ingeniero Alfredo Turbay nos decía:
“Por la misma falta de información correcta y veraz se llamó, desde hace mucho tiempo “Fuerte de los Quilmes” a un poblado prehispánico: “LA FORTALEZA-TEMPLO DEL VALLE CALCHAQUI”, que ocupa 130 hectáreas y que no fue construido por los Quilmes”
Este libro, al tiempo que divulga los más actualizados conocimientos arqueológicos, aporta pruebas documentales, históricas y arquitectónicas para revindicar a sus verdaderos constructores y esclarecer la Verdad.
Para poder comprender en profundidad esta historia, continuaremos en el presente artículo, con uno de los mayores acontecimientos históricos, que marcaron el futuro de nuestras tierras y que dio forma a nuestro actual Valle Calchaquí. Estos acontecimientos nos ayudarán a comprender más la presencia de los Quilmes entre nosotros. Nos referimos a: “Las guerras calchaquíes contra el español”.

4-Las guerras calchaquíes contra el español. Para mayor claridad de nuestra exposición, y mejor ilustración del lector, creemos necesario repasar sucintamente la historia de esa lucha. No encontramos mejor forma de hacerlo que reproduciendo unas páginas del bien documentados libro que ya mencionamos de la Sra. Teresa Piossek Prebisch:

“Eran estos indios los dueños de las tierras más altas del Tucumán, de las más fragosa e inexpugnables. Los poseedores de los valles templados donde proliferaba el ganado; de las aguadas que transformaban en vergel la sequedad de las serranías; de las montañas donde la imaginación del conquistador ubicaba yacimientos riquísimos. Ayudados por esta geografía generosa y protectora, desafiaban al español y se resistían a ser sometidos por él porque eran testigos de la triste suerte que tocaba a los derrotados”.
“Se dividían en tres naciones más o menos definida –pulares, calchaquíes y diaguitas-, aunque formaban una unidad ya que pertenecían a la misma raza andina y hablaban la misma lengua madre, el áspero kakan. Los pulares ocupaban la pare superior de la quebrada de Escolpe hasta la sierras de Cachi, en la provincia de Salta. Los Calchaquíes, los valles del mismo nombre, es decir, los de Tafí, de Santa María y del río Calchaquí. Los diaguitas, la casi totalidad de la actual provincia de Catamarca y zonas contiguas de la Rioja”.
“Formaban uno de los grupos más belicosos con que tropezaron los españoles en toda la extensión del Nuevo Mundo. No sólo rechazaban la idea de renegar de su religión y costumbre, sino que temían al trabajo agotador a que el conquistador sometía a los conquistados, muy especialmente al trabajo de las minas resistido desde la época de los incas”.
Su rebeldía culmino en tres grandes levantamientos, conocido en la Historia con el Nombre de guerras calchaquíes. La primera encabezada por el cacique Juan Calchaquí, estallo en 1562 y significo para los españoles la pérdida de tres ciudades: Londres I, en la actual provincia de Catamarca; Cañete, en la de Tucumán, y Córdoba, en Calchaquí”.
La segunda comenzó en 1630 y aunque en ella intervinieron las tres naciones, más adecuado es llamarla alzamiento diaguita puesto que los diaguitas soportaron el mayor peso de la contienda. Entre ellos hubo una tribu que se distinguió por su bravura, las de los hualfines, a la que pertenecía el líder de ese entonces, el cacique Chelemin. El origen de esta guerra fue muy significativo: el encomendero Juan de Urbina descubrió una mina de oro a la entrada de Calchaquí, por el lado del valle de Catamarca y los indios, temerosos de que se los obligara a trabajarla, lo mataron junto con toda su familia. Los españoles reaccionaron violentamente y esto desencadenó una lucha que duró siete años y costó la pérdida de dos ciudades más: Londres II  ubicada cerca de la primera, y Nuestra Señora de Guadalupe, en Calchaquí. Para los diaguitas significó la derrota total con la ejecución de Chelemin y el desarraigo de las tribus que, según la costumbre incaica adoptada por los españoles, fueron reducidos al yanaconazgo, arrancados de sus solares nativos y repartidos por tierras lejanas.
“Las otras dos naciones kakanas corrieron diferente suerte. Los pulares, obligados por las circunstancias, dieron la paz, es decir, se declararon vasallos del rey y permitieron que en sus tierras algunos españoles hicieran estancias, debilidad que les costó la amistad con los calchaquíes. Estos conservaron su independencia casi cuarenta años más gracias al agotamiento del ejército español, a su ubicación geográfica en valles protegidos por altas montañas, y a la fama de su bravura, pues era pueblo que cultivaba el arte de la guerra como la actividad varonil por excelencia”
“El período de paz que se inicio en 1637 estaba, pues, cargado de tensiones. Pulares y diaguitas formaban una masa descontenta, sobre todo los últimos que alentaban un sordo deseo de rebelión. Los calchaquíes desconfiaban de los españoles y si años después del cese de las hostilidades permitieron la instalación de dos misiones jesuitas en su territorio, fue porque ellas estaban formadas por sólo cuatro hombres desprovistos de armas. Los españoles, insatisfechos con los resultados de tantos años de lucha y temerosa a su vez de algún ataque de los calchaquíes, los constriñeron con un semicírculo de puestos de control formado por ciudades de Salta, San Miguel de Tucumán y Pomán, y por los fuertes de Andalgalá y de Pantano. Existía el ambiente propicio para que se desencadenara una tercera guerra y tanto indios como españoles lo sabían”. (7)
Observe el lector que en estas guerras, que duran desde 1562 a 1637, o sea 75 años, se habla de los bravos Hualfines, pero para nada se mencionan a los Quilmes (8).
Entonces apareció en el fragoso escenario de los valles Calchaquíes un personaje casi de opereta, elegante –cuando tenía ocasión de conseguir buena ropa- bien parecido, elocuente y ambiciosos sin escrúpulos; andaluz, de nombre Pedro Chamijo, alias Pedro Bohórquez, el falso Inca de Tucumán.
Escapa a los límites que hemos impuesto a esta obra, narrar su increíble historia que más parece tejida por la fantasía, que real; de modo que sólo diremos lo esencial para continuar con la historia de las guerras calchaquíes y la participación, en ellas, de los indios Quilmes.
Pedro Bohórquez planeó un triple engaño: a los indios les prometió acaudillarlos en la lucha contra el español para que recuperaran la libertad perdida (mientras él adquiría poder y riquezas); al gobernador del Tucumán, don Alonso de Mercado y Villacorta, le aseguro conseguir la completa sumisión de los indígenas a la corona española y sonsacarles, a estos, el secreto de los fabulosos tesoros que los Incas ocultaron antes de retirarse de los valles, además de la ubicación de las minas de oro y plata; con la condición, entre otras, de que le permitieran usar el título, la ropa y las prerrogativas del Inca; finalmente, al clero, a cambio de su apoyo, le prometió la completa conversión al Catolicismo de todas las tribus para que la Iglesia pudiera contar con la mano de obra gratuita en las reducciones indígenas. ¡Una linda y gorda lombriz, en cada uno de los tres anzuelos! ¡Y los tres grandes peces abrieron sus ambiciosas fauces y se lo tragaron completamente!
Manejando sutilmente los hilos de su triple juego de engaño, el falso Inca levantó en armas a la veintena de parcialidades indígenas de los valles y, desde 1658 hasta 1667, las piedras se tiñeron de sangre y el humo de los incendios de templos y viviendas, nubló el límpido cielo calchaquí.
Las hostilidades empezaron el 5 de Agosto de 1658 con la de la Reducción de San Carlos, al norte de Cafayate; se sucedieron malones exitosos y ataque a las tropas realistas sin resultado definitivos para las huestes de Bohórquez, hasta que este impostor, acobardado por los primeros contrastes, solicito un indulto que protegiera su vida, y se entregó a las autoridades españolas el 1 de Abril de 1659. Creía poder salvar su vida y la importante fortuna adquirida como fruto de los malones de la indiada a las iglesias y estancias; pero en ambas creencias se equivocó; despojado de sus bienes, fue enviado prisionero a Lima, donde después de purgar largamente sus errores y culpas en una miserable celda, fue ejecutado el 3 de Enero se 1667.
La defección de Bohórquez no debilitó en absoluto la lucha indígena. Comandados por el mestizo José Henríquez siguieron peleando por su libertad seis años más hasta el 26 de Octubre de 1665 en que terminó la guerra para los Quilmes y para otros 5000 prisioneros de distintas tribus. Doscientas sesenta familias Quilmes (1300 indios más o menos, a razón de 5 por familia), fueron enviados a Buenos Aires, por el camino que pasa por Córdoba.
Pero el 26 de Octubre de 1665 la guerra no había terminado para los Calianos o Acalianes, pariente de los Quilmes en la familia de los Capayanes, como ya dijimos. Estos Acalianes o Calianos, vencidos en la campaña anterior habían sido erradicados de las montañas y llevados a poblar la llanura salteña de Esteco. De allí fugaron ocho meses después, el 12 de Septiembre de 1666 y, cruzando los cerros por pasos pocos utilizados, llegaron al Valle Calchaquí y se instalaron –como antes lo habían hecho sus parientes quilmeños- en el nido vacío de la fortaleza del Cerro del Alto.
“Solo cinco días después llegaron las fuerzas del gobernador Villacorta y Mercado que les exigió la rendición y ante la negativa de los Calianos de someterse nuevamente a la expatriación y a la esclavitud, les puso sitio, sabiendo que los indios resistirían mientras le quedara la algarroba que tenían como sustento. Habiendo llegado más hombres ahora sumaban 120 soldados separó sus tropas en tres cuarteles, y empezó el sitio”. (9)
La crónica del último combate que se libró en el Fuerte Alto -¡después caería sobre él un silencio de siglos!- entre los Calianos (no los Quilmes) y los españoles, continúa así:
“El cerco se mantuvo durante más de cuatro meses, hasta que los indios se rindieron dominados por el hambre, y el frío que reinaba en las cumbres nevadas”.
“Fue una resistencia heroica pero vana”. “Algunos acalianes, desesperados, arrojaban a sus hijos por los precipicios antes de entregarlos al vasallaje”. “En esta campaña murieron 48 indios gandules (inútiles) y 100 piezas entre mujeres y niños despeñados. El total de muertos y apresados, fue de mil almas…que se distribuyeron entre los soldados”.
El 2 de Enero de 1667 terminó la campaña que había empezado el 12 de Septiembre de 1666. Cincuenta familias mandaron a Buenos Aires.
Despierta razonables dudas el párrafo que habla del sitio de cuatro meses y del “frío que reinaba en las cumbres nevadas”. Nos preguntamos: ¿Cómo puede sitiarse un cerro como el del Alto, que no esta aislado sino vinculado por un filo, al resto de la Cadena del Cajón? Hemos dicho anteriormente que este cerro semeja, en una vista aérea, una pinza de cangrejo con sus dos “mandíbulas” abiertas. Pues bien, el brazo de la “pinza” está unido al resto de la serranía del Cajón formando un filo fácilmente practicable para los indios que podían huir por él y escapar hacia el N, el S, o aún hacia el Oeste, el camino más difícil. ¿Por qué no lo hicieron y, casi muertos de hambre, se eliminaron o se rindieron?
Tengamos en cuenta, además, que los sitiadores eran sólo 120 hombres que, divididos en tres turnos, dan 40 hombres por turno, para custodiar un perímetro, al pie del cerro, de más de cinco kilómetros, sin contar el filo del Oeste por donde fácilmente podían escapar.
Por otra parte se dice que se rindieron, además, “por el frío que reinaba en las cumbres nevadas”. El cerro del Alto del Rey, de solo 2.400 metros de altura sobre el nivel del mar, actualmente, jamás se cubre de nieve de septiembre a enero, pero si tenemos en cuenta que entres o cuatro siglos, debido a las variaciones de la actividad solar puede haber cambiado notablemente el clima de la región, puede aceptarse la referencia como posible.
Reiteramos la pregunta: ¿Por qué no huyeron los acalianos en lugar de rendirse? Tampoco lo sabemos; es uno de los muchos misterios que aun guarda celosamente el cerro del Alto.
(7)  Piossek Prebisch T. 1976 págs. 34, 35 y 36.
(8)  Consecuentemente con nuestro propósito de divulgar el conocimiento de la Guerra Calchaquí y los pocos nombres que conocemos de sus héroes, no permitimos intercalar aquí, una poesía premiada en el concurso de la prestigiosa Fundación Givré (1981) entre 2826 composiciones.
(9)  Alexander de Schorr, A.F., 1968, págs. 84, 85 y 87.

-CONTINUARÁ-

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