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Pueblo Originario | April 28, 2017

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Los Lules de San Miguel en el siglo XVI y XVII – Las Encomiendas – 3º parte

Los Lules de San Miguel en el siglo XVI y XVII – Las Encomiendas – 3º parte

HOMBRES Y TIERRAS: No contamos con las cédulas de las primeras encomiendas de San Miguel. La mayor parte fueron otorgadas en 1552 en la ciudad del Barco (Santiago del Estero).
La colonización española se extendió primero por el centro y sur de la llanura y el piedemonte tucumano, e inicio su expansión hacia el norte a fines del siglo XVI
El único botín esperable por los conquistadores y primeros pobladores eran la fuerza de trabajo y la tierra. No contamos con las cédulas de las primeras encomiendas de San Miguel. La mayor parte fueron otorgadas en 1552 en la ciudad del Barco (Santiago del Estero) por Juan Núñez de Prado y algunas de indios lules, especialmente, con posterioridad, en la ciudad de Talavera.

Al carecer de “Títulos de los dichos indios por el propio nombre nativo suyo o no /…/ ser admitido y amparado en la dicha posesión /…/ “ algunos encomenderos recurrían a la manipulación de su identidad, como en el caso de Juan de Espinosa, en el pleito que mantenía con Simón de Villadiego por la posesión de los Tactasita, alegando que eran del pueblo de Payao, “por otro nombre Payaosita”, y lo explicaba por ser “propio de los indios lules de esta provincia como gente que anda vagando y no tenían asiento en parte segura, mudando los nombres conforme al sitito donde paran” (1608 AHT Protocolo 1 fs 309-14)
Juicios de sucesión de encomiendas o escrituras de tierras nos aportaron información sobre los pueblos encomendados y sus beneficiarios (ver cuadro 1).

Fecha registro documento

Pueblo

Cacique

Encomendero

1589

Chilmansita

Hilavista

Cap. Gonzalo Duarte de Meneses

1604

Camanxita

Undequixit

Alf. Melián de Leguisamo

1608

Tactaxita*

Mocople

D. Juan

D. Gonzalo

Simón de Villadiego traspasa al Cap. Juan de Espinosa

Cap. Juan de Espinosa

1617

Untiexita

Gonzalo

Soplito

Alf. Melián de Leguisamo

1638

Solcos, Contieccitas, Tafingasta y Anfama Aman

Aman

Melián de Leguisamo

(el nieto)

Melián de Leguisamo

1648

Utingiste

Utijita

Utinguista

D. Antonio Aman

Melián de Leguisamo

1653

Utixistes o Utinguiste o Utijita o Lules

D. Antonio Achan

García Valdes

1653-55

Lules y Solco

D. Pablo Cilcap

Alc. Pascual Gualasqui

Da. Juliana Faxardo de Tapia/Cap. Alonso de Urueña Loaissa

1680

Lules Solcos y Tafíes

Pedro de Ávila y Zárate

1681

Lules

D. Antón Amado

Pedro de Ávila y Zárate

1688

Mandojitas y Nacche y agregados a Niogasta

Sgto. May. Francisco de Olea

1711

Parcialidad de indios Lules agregados a Tafí**

D. Pedro Meneses

(hijo cacique)

Da. Claudia Costilla de Roxas

1742

Tafí, Famaillá, Lules y Anamopila***

Me. Cpo. Diego de Aráoz

(*) Desgajado de los solisita, fueron trasladados a su estancia del Valle de Choromoros, por el cap. Juan de Espinosa.
(**) En este momento estaban reducidos en la estancia de los Monteros.
(***) En 1742, el gobernador D Juan de Santiso y Moscoso declaró su vacancia, dado que Aráoz, que la poseía en primera vida, no presentó su confirmación por el consejo de Indias.

Conseguidos los hombres, los españoles desplegaron diferentes estrategias para apoderarse de sus tierras.
Simón de Villadiego, hijo de Luis Caldera y su sucesor en la encomienda de los solisita, ejemplifica el avance los encomenderos sobre las tierras indígenas: primero, sembró “trigo, maíz y cebada y otras legumbres para mi sustento /…/ “luego solicitó la merced argumentando “que al presente los indios de ella/ la encomienda/ se iban consumiendo y acabando /…/ “ (1586, AHT Secc. Jud. Civ. S.A.; c 25) esta fórmula fue la más generalizada.
Otra modalidad fue la del estrangulamiento de los antiguos pueblos., como en el caso de la merced otorgada a Gonzalo Duarte de Meneses por el gobernador Ramírez de Velazco, “de una legua de tierra a la redonda de todos los pueblos que tuviéredes en encomienda en la ciudad de San Miguel de Tucumán a sus términos” (1589) AHT Secc Judic. Civ. S.A. , c 1 expte1).
En el pueblo de indios lules llamado chillmansita de / su / encomienda… Pedro Tello de Sotomayor, alguacil mayor de la dicha ciudad de San Miguel de Tucumán, tomó por la mano al dicho capitán Gonzalo Duarte de Meneses e le metió en un pedazo de tierra, linderos del dicho pueblo de indios e le dio la posesión real (1589 AHT Secc. Judic. Civ. S.A. c 1, e 1)

El capitán Melián de Leguisamo desconoció la presencia de sus encomendados, los pueblos untiexitas y camanxitas que compartían el ecosistema de los Manantiales, en “el sitio viejo del Salí” y de los pueblos gastona de conaista y mateles, de la Pampa Grande del Chañar, y la laguna Caturos, y solicitó dos mercedes de tierras. La primera abarcaba “desde el río Ulimpmampa hasta donde desagua en el río de Salí, que es donde entra en el río el estero que llaman Marlopa hasta la sierra ansi por el dicho estero arriba como por el río de Ulimpmampa arriba y de ancho desde la dicha sierra hasta el río de Salí y por el dicho río de Salí arriba dos leguas hacia el camino del Perú, lo cual estaba yermo y despoblado y sin perjuicio de naturales” (AHT Prot. 1, S.A. f 16)
El conocimiento de la zona y la exploración del territorio circundante le llevó a solicitar siete años más tarde una nueva merced, con la que abarcaría gran parte de la Provincia de los Lules. Pero los argumentos esgrimidos para obtener las tierras fueron instrumentados por los jesuitas casi un siglo después en contra de la familia Leguisamo, para lograr la anulación de la primera merced, bajo la acusación de “intrusión y violenta retención” (Robledo 1998) y poder apropiarse “legalmente” de estas tierras.
El disciplinamiento de la mano de obra significó la reducción de los pueblos en las estancias de sus encomenderos y fue una estrategia común para apropiarse de sus antiguos asentamientos. En 1601 el capitán García de Medina lugarteniente de gobernador, obtuvo de Don Pedro de Mercado de Peñalosa las tierras “Axitas con su aguada olimpmampa y otro arroyo llamado Yanasiral y otro arroyo Nacchar Mampa” (1601 AHT Protocolo 3 Serie A f 37).
En 1641 fueron reconocidas por su hijo Andrés Gil de Esquivel como antiguas pertenencias del pueblo de axita, de las que había hecho usufructo su familia y la donó a la Compañía de Jesús (ADT Escrituras de Propiedades Jesuíticas. Tomo único s/f.)
El trueque de las tierras comunales fue una respuesta adaptativa frente al avance español. Don Lorenzo Ongo, cacique del pueblo lule de Tompostiné, trocó con Diego González de Tapia el Valle del Nío, sobre el arroyo de Meume, por tierras en Choromoros. Las tierras indígenas no sólo eran aptas para la ganadería, sino que para el encomendero representaban una gran adquisición, por encontrarse estratégicamente ubicadas “en medio del camino del Señor Obispo y del camino de San Miguel de Tucumán por Choromoro a Talavera” (Robledo 2006).
La mudanza de los pueblos tiene una doble lectura: fueron forzados a trasladarse o bien, como señala Estela Noli (1998: 81) “la rotación y la movilidad eran elementos constitutivos de la cultura lule-tonocote, y la causa siempre la misma: el límite de la capacidad productiva para la agricultura”. Como vimos en los casos de los aconquija y los gastona (Robledo 1999)  el ciclo de rotación se cumplía cada 3 décadas. La mudanza sería una estrategia alternativa, en medio de “catastróficas sequías… que hacen sospechar condiciones extremas para la supervivencia /…/” En el NOA , entre 1580 y 1610 ( Prieto et al 1996: 230 )  y que recién parecen revestirse hacia 1642.
Ante los embates de la sociedad colonial, en forma temprana los lules se valieron de las mismas armas que los españoles y recurrieron a la legalización de su mudanza para proteger sus tierras originales. Don Gonzalo Loplito, cacique de los untiexita encomendados a Melián de Leguisamo, solicitó licencia al gobernador Quiñones Osorio en 1617 para el traslado de su pueblo a la estancia de su encomendero, “…por serles de mucha utilidad y tener acequia y buenas tierras donde sembrar, /puesto que/ en su pueblo iban en mucha disminución por falta de comodidad para su sustento de manera que no habían quedado más de ocho o diez indios de trabajo”. (AHT . Secc. Adm. 5 fs.3)
Y ante la apertura de un nuevo frente de usurpación, en 1655, cuando Juan Jordán de Trejo, en el largo pleito que mantuvo por la sucesión de la encomienda de su hermano el alférez Melián de Leguisamo, pretendió su desalojo, solicitaron una nueva Provisión de Amparo de las tierras de los Manantiales. (ADT Escrituras de Propiedades Jesuíticas Tomo Único S/f).
Del otro lado, los feudatarios también se valieron del derecho de los indios para legalizar su propiedad, como en el caso de las tierras de los Manantiales “/…/ …de los indios Utixistes en cuyo derecho suceden los herederos del sargento mayor Don Phelipe García de Valdes/…/” (Febrero de 1677 ADT Escrituras de Propiedades Jesuíticas).
En 1670, las tierras de los duluxitas fueron rematadas con el fin de recolectar fondos para el entierro de Juan Juárez de Acevedo (AHT Prot. 3 S.A. fs 28v- 30)

Fuentes: Archivo Histórico de Tucumán (en adelante AHT) Secciones: Judicial Civil Serie A.; Protocolos Serie A y Administrativa. Archivo Dominico de Tucumán (en adelante ADT): Escrituras de Propiedades Jesuíticas.

 

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