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Pueblo Originario | December 18, 2017

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Los Lules de San Miguel de Tucumán siglos XVI y XVII – “Las Encomiendas” 1º PARTE.

Los Lules de San Miguel de Tucumán siglos XVI y XVII – “Las Encomiendas” 1º PARTE.

Artículo de la Profesora Nélida Beatriz Robledo, especialista en el tema 

En nuestros artículos relacionados con los Lules, hemos hecho referencia a la etapa del siglo XVI con la presencia de San Francisco Solano y luego el Padre Bárzana (Jesuita). También en nuestro artículo “Historia de los lules”, hicimos referencia al siglo XVIII con el inicio de la reducción de San Esteban de Miraflores (1711 en Salta). Una deuda que queremos saldar, es la etapa de las “ENCOMIENDAS” de los siglos XVI y XVII.
He aquí el artículo de la Profesora Nélida Beatriz Robledo, especialista en el tema y que iremos entregando en distintas ediciones, por su extensión.

LOS LULES DE SAN MIGUEL DE TUCUMÁN
SIGLOS XVI Y XVII
-Nélida Beatriz Robledo-

El estudio de los Lules de San Miguel (1) en el siglo XVI nos enfrenta al problema de la identidad Canals Frau (1953: 439-40) afirmaba que junto con los Vilela, los lules representarían los últimos restos de la más primitiva población huárpida del Chaco occidental y precedieron a la constitución de las culturas andinas; de ellas habrían recibido mayor influencia, aunque también, y en menor grado, habrían sido influenciados por los chanés.
Boman (1898: 12) advertía ya sobre el múltiple uso del etnónimo “lule”. Sostenía que diversos autores describían con el nombre de lules a pueblos que con toda evidencia eran diferentes: desde los nómades y salvajes de Barzana (1594) y Sotelo (1583), que habitaban la llanura, hasta los sedentarios de las montañas, a los que se refería Techo.
Presionados por los matacos, los lules se habrían desplazado hacia Tucumán desde la periferia sudoccidental del Chaco (2), región de bosques xeromorfos, pobre en especies, con pocas praderas, agua escasa; 17 mil kilómetros cuadrados cubiertos por montes bajos, espinosos y con escasas posibilidades para la vida humana ( Maeder 1988: 302) Por sus característica de “reducto natural” (Vitar 1997: 87) en un doble movimiento, centrípeto y centrífugo, con anterioridad a la legada de los españoles el Gran Chaco (3) habría recibido oleadas de pueblos provenientes del norte y del sur (4) , los que habrían ejercido presión sobre otros pueblos, provocando su desplazamiento. A ello habría que agregar los fenómenos ecológicos de alternancia de seguías e inundaciones (Vitar 1997: 88). (5)
Los primeros españoles en enfrentar a los lules fueron los hombres de Diego de Almagro, en el valle de Salta, en 1536, pero fue un grupo de avanzada de las huestes del capitán Nicolás de Heredia el que se topó con los lules asentados en las cercanías de la provincia de Tucma:
“De entre los árboles aparecieron unos escuadrones de indios cuya sola presencia aterrorizó a los prisioneros juríes que los servían/…/ sus característica más curiosa era llevar el cabello tonsurado, formándoles alrededor del cráneo coronas semejantes las usadas por los frailes. Venían en son de guerra y los apuntaban con sus flechas /…/ los soldados dispersos se reunieron con sus compañeros / salvo Bartolomé Aguilera al que los indios mataron a flechazos, tras lo cual desaparecieron con la misma rapidez con que habían aparecido. Lo juríes /…/ informaron que esos indios eran sus /…/ enemigos se llamaban lules y vivían en otra provincia… junto a un río que llevaba agua colorada. Periódicamente venían / a Juríes para / hacer la guerra. Caín sobres sus pueblos y estancias, prendían y mataban a muchos y a los /…/ cautivos, los comían. El escuadrón que acababan de encontrar /…/ debía ser parte de otro mayor que andaría depredando los poblados ribereños”.
(Testimonio de Cieza de León, de Gutiérrez de Santa Clara, del soldado Pedro González de Prado y de Diego Fernández, cit, por Piossek Prebisch. 1995: 246-47; 334-35)
Gerónimo de Bibar, cronista de Pedro de Valdivia, que narra la expedición de Francisco de Villagrán (1550-52), decía de los lules:
“esta gente no siembran sino sustentan/se/ de algarrobos y de chañares y de caza que tienen mucha. Son dados ladronicios y viénnenles a hurtar las comidas que es maíz y frijoles y zapallos y maní, y estos Xuries les temen. A esta causa tienen los pueblos cercanos, y / …/ en cada pueblo dos y tres y cuatro mil indios / de guerra / Sin embargo /…/ cuando éstos / los lules / se juntan trescientos de ellos, aunque estén tres mil juríes; no osan defenderles las comidas (6) (Piossek Prebisch 1996).
Como consecuencia de su alta movilidad, los lules esta iban organizados en grupos (7) que respondían a un jefe “/…/ suceden los hijos a los padres y los hermanos si no tienen hijos y la obediencia es para la guerra, en la cual son capitanes y en la paz, para su gobierno “ (Alonso de Barzana 1594 (Jiménez de la Espada 1885, II: LVI).
Como vimos en los testimonios de los hombres de Heredia, una acusación recurrente en las crónicas más antiguas será su tendencia a la antropofagia. Bárzana (1594) señalaba que eran tantos, que podrían haber terminado con los Juries: “si los españoles la principio de la conquista de la provincia de Tucumán no vinieran, esta nación sola iba conquistando y comiendo unos y rindiendo otros, y así hubieran acabado a los tonocotes ”(8) (en Jiménez de la Espada 1885, II: LIV).
El establecimiento de los españoles en el Tucumán habría frenado la expansión lule por esta región. Pero según la tradición jesuítica, habría provocado la migración de lules y tonocotes a la franja occidental del área central del gran Chaco. Trinchero (2000: 82-83) cuestiona este dato, que parte de un relato de connotaciones míticas del Padre Juan Pastor, por tratarse de una reproducción de códigos misionales de los grandes relatos sobre los presagios de la llegada de los españoles.(9)

Nota: Robledo, Nélida Beatriz, Junta de Estudios Históricos de Tucumán. Instituto Interdisciplinario de Estudios Andinos, Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo. Universidad Nacional de Tucumán.

1- Hacia 1583, Sotelo de Narváez (1888: 148-49) diferenciaba entre lules de Salta “sin asiento, y que sembraban muy poco”, por ser indios de guerra; los lules de Esteco, que servían en esa ciudad y estaban a orillas del Salado; y los lules de San Miguel de Tucumán que “no tienen asiento y se sustentan de cazas y pesquerías, por lo que no están del todo en paz”.
2- “…el topónimo Chaco designó… a fines del siglo XVI, sólo la región ubicada en las nacientes del Pilcomayo” Maeder (1988).
3- Que comprendía el Chaco Boreal, incluida la región confinante con Chiquitos, el Chaco central y austral.
4- En 1948, Julien H. Steward asignaba al Gran Chaco, en los inicios de la conquista una cifra de 266.650 habitantes. Horacio A. Difrieri (1961) calculaba para el Chaco central y austral una población de sólo 50.000 habitantes (MAEDER 1988: 303) , mientras que Jane Pyle (19996)estimaba que la población aborigen del mismo sector en el siglo XVI (varones adultos) era de 56.000. de estos, 22.000 corresponderían al Chaco interior y el resto al ribereño. Ernesto Maeder (1988: 302) , de acuerdo con la relación de indios del Gran Chaco Gualamba escrita entre fines del siglo XVI y comienzo del XVII, estima una población general de 187.470 habitantes, distribuidos de la siguiente manera: chaco Boreal 82.030 habitantes, central 24.400 y austral: 77.040.
5- La sequía coincidía con el decrecimiento de los recursos del monte (recolección y caza) pero en forma paralela se incrementaba la pesca, entre junio y noviembre (Trinchero 1997: 130). En épocas de lluvias los grupos extendían su radio de movilidad hacia las zonas periféricas. Llegado el tiempo de recolección de la miel, la cera y el algarroba, volvían a internarse en el Chaco.
6- La información sumaría sobre los servicios prestados por las ciudad de Santiago del Estero a San Miguel en la conquista de Tucumán (5 de octubre de 1585) repite los conceptos de Bibar y de Bárzana: “..tenían estos indios juríes guerras y batallas con una generación de indios que son como alauares que no siembran que llaman en esta provincia lules, que los mataban y comían y los tenían acorralados…” (Levillier: 125)
7- No contamos con indicadores del número de individuos que componían estos grupos ni de la superficie aproximada que ocupaban, para realizar los cálculos pertinentes. Yacobaccio señala que estudios en biología poblacional de cazadores – recolectores, estiman que para reproducirse, los grupos locales deben estar integrados por los menos por 25 individuos obligatoriamente exogámicos y formar redes reproductivas de, al menos, 400 individuos (YACOBACCIO 1997).
8- Ana María LORANDI (1997: 41) advierte que “con el tiempo, los colonizadores abandonaron el apelativo Jurí y lo reemplazaron por denominaciones étnicas para precisas: Tonocotés y Lules”.
9- El Padre Juan Pastor mostraba como “señales notables” que precedieron la llegada de los españoles al Tucumán y que “atemorizaron mucho a todos los indios”, una larga sequía, hambruna, peste y mortalidad (historia manuscrita de la Provincia de la Compañía de Jesús del Paraguay (ib 1, cap. IV) cit por Lozano 1873-5: IV: 25). Pero Trinchero señala que al atribuir el doblamiento del Chaco a esta supuesta migración masiva desde el Tucumán, el relato configura la unión simbólica de dos estigmas: el Chaco es un territorio lejano e inhóspito a la vez que refugio de indígenas controlados por el demonio, lo que será el modelo legitimador para declarar la guerra justa hacia los interiores de la frontera (2000: 82-83). Maeder (1988) calculaba esta migración en 600 individuos.

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