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Pueblo Originario | March 26, 2017

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Las Ruinas de Quilmes un legado Incaico

Las Ruinas de Quilmes un legado Incaico

Conferencia en homenaje al centenario de la creación de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1996. En nuestros artículos “Ruinas de Quilmes: la verdadera historia” y la “Fábula de los Quilmes” hemos demostrado que nuestras famosas “Ruinas de Quilmes”, en realidad son de procedencia Inca y no Quilmes.
En este nuevo artículo hacemos entrega de la conferencia del Dr. Enrique Bernabé Pino, profesor Titular de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UNT. A través de su ponencia podremos descubrir, desde otra perspectiva, el origen Incaico de lo que él también llama Fortaleza – Templo de Quilmes; motivo suficiente para ofrecerla en toda su extensión.

800 AÑOS DE PSIQUIATRIA EN EL TUCMA * 

CATEDRA DE PSICOLOGIA CLINICA Y PSIQUIATRIA II
* Conferencia en homenaje al centenario de la creación de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Año: 1996:
Escribir acerca de un aspecto poco conocido de nuestro pasado prehispánico –la concepción de las enfermedades mentales en esa época- engendra una gran responsabilidad y un notable orgullo.
Es que no puedo dejar de tener presente que soy el Profesor Titular de la Cátedra de Psiquiatría cuya geografía académica comprende casi todo el territorio en donde se desarrollaron los hechos que voy exponer…, y además que soy hijo biológico, espiritual e intelectual del Tucumán.
Pensé que el mejor homenaje que desde el interior de nuestro país se podría brindar a la Cátedra de Psiquiatría de Buenos Aires en sus primeros cien años, era el de acercar el mensaje que desde los siglos nos transmiten aquellos psiquiatras prehispánicos que habitaban nuestro suelo. Entonces tomé la misión de ser portador de esas voces del pasado, ya que como hijo de una tierra, entro en la composición del mismo, ya que soy la evolución de ese pasado que se proyecta en el tiempo.
Con esta intención viajé por los Valles Calchaquíes, culminando mi recorrido en la Fortaleza-Templo de Quilmes que fue capitanía general de una provincia incaica del Tucumán.
El origen de esa historia está narrado por Gracilazo de la Vega, el Inca Gracilazo, en sus Comentarios Reales. Refiere que a fines del siglo XIII o principios del XIV, el Inca Huiracocha recibió la visita de los embajadores del Tucma, una región situada al sur del Imperio, que comprendía el actual Noroeste Argentino, el norte de Córdoba y parte de Cuyo. Los mismos habían llegado hasta el Cuzco para pedir la integración del territorio mencionado al Imperio, y solicitaban el envío de amautas (maestros) y aravicus (poetas, artistas), para que enseñaran la lengua, la religión y las artes de los hijos del Sol. Ofrecieron tributos de “mucha ropa de algodón, mucha miel muy buena, ceras y otras mieses y legumbres de aquella tierra, que de todas ellas trajeron para que en todas se tomase la posición”.
El Inca los aceptó como súbditos, agradado que la decisión de los embajadores era influenciada “por amos y buena voluntad”. Le toco a su hijo Pachacutec integrar al Imperio estas tierras del sur, y el hijo de éste, Tupac Inca Yupanqui, fue el que mandó erigir la Fortaleza-Templo mencionada, parte de una estructura cívico-militar que se extendió hasta el actual territorio mendocino.
Para trasladarme hasta allí contaba con el pensamiento del filósofo tucumano Víctor Masuh, que refiere como que “Europa, con sus tradición cultural esplendorosa nos atrapa, nos subyuga, nos ilumina. De esa Europa en muchos aspectos somos herederos. Pero a la vez, el destino histórico de Europa está cada vez más alejado del nuestro. Por eso los Argentinos debemos mirar más hacia América y no desoír el llamado el llamado de la Patria Grande”.
Otro pensador tucumano, Alfredo Coviello, había señalado una vez que “para ser universitarios debemos imbuirnos de las enseñanzas de nuestro pueblo, darle un sentido cultural o científico, y de allí volcarlas como aporte al saber universal”.
Como hombre del interior, no puedo tener las mismas imágenes intelectuales que posee otra persona nacida en la Capital, ya que mis tradiciones y mi pasado encierran diferencias.
Entonces invito a quien lea este trabajo, y siguiendo las enseñanzas de Karl Jaspers, cuando dijo: “el mejor lugar” para entender al “otro”, es colocarse en el punto de vista del mismo, a seguir mis experiencias y mis vivencias (el complejo anímico dado en la experiencia interna según Dilthey), cuando trato de colocarme en el pensamiento y concepción del mundo de un tucumano de hace siglos, mas o menos 800 años.

La visión del mundo.

El ser humano formaba parte de la naturaleza, con la que tenía derechos y obligaciones. Por ejemplo. Debía respetar la integridad de los árboles que daban frutos, sombra, abrigo. Los diaguitas castigaban con la muerte la destrucción de un árbol de algarrobo, ya que el mismo le daba bebida (aloja), comida (patay), leña de sus ramas secas y caídas, una divinidad: Zapan Zuncum protegía esos árboles y también a los niños. Existían varias divinidades, hasta que el Inca Pachacutec restauró la religión monoteísta.
El mismo respeto engendraban los animales y las cosas inanimadas.
Así que el ser humano, al no ser el “Rey de la creación”, sino solamente una parte de ella, no se convertía en depredador como sucede en otras concepciones del mundo.
Esta armonía entre el hombre y el medio circundante estaba regida por un ser supremo: La Pachamama, la Madre Tierra, que siempre estaba en diálogo con los habitantes de este suelo, sentando presencia por medios de señales y recibiendo homenaje.
La concepción de la enfermedad estaba dada en la ruptura de esa armonía entre el hombre y la naturaleza.

El viaje y los mensajes.

Una madrugada de Agosto de 1986 inicié el viaje/homenaje desde San Miguel de Tucumán hasta la Fortaleza-Templo de Quilmes, un recorrido de cerca de 200 kilómetros, casi todos de montaña.
Como Tucumán presenta diversos microclimas, en ese trayecto me encontré con árboles florecidos como en primavera, zona de viento y nieve, vegetación tropical y pastos secos, mariposas y llamas.
La presencia del agua (dique La Angostura), la altura (tuve que pasar por El infiernillo, a más de 3.000 metros)  y el frío de las zonas nevadas, equilibrado por el clima afectivo que ponía en mi tarea, me convencieron que, de acuerdo a antiguas tradiciones, Pachamama aprobaba con agrado mi viaje de peregrino, por los cien años de la Cátedra de Psiquiatría de Buenos Aires.
Atrás quedaron los menhires de El Mollar, con sus jeroglíficos aún no descifrados y su antigüedad de dos milenios, los círculos ceremoniales de piedra de Tafí del Valle y las pircas incaicas de Amaicha, cuando recibí el saludo de un niño pastor de ovejas (¿transmutación de un inca con su séquito?), al desviar el camino que me llevaba a la Fortaleza-Templo.
La designación de fortaleza nos esta hablando de una organización militar. Cosa demostrable por la existencia de pucaráes estratégicamente emplazados, y que servían para defender a la población (pucará significa fortaleza, de allí el nombre de nuestro aviones de combate).
Como además era templo, ello nos lleva a pensar en la existencia de una organización religiosa, y religión significa ideología, filosofía, concepción de la vida, además de relación del hombre con Dios, relación que se destaca por la existencia de unas raras formaciones pétreas situadas en el centro de llamado anfiteatro, que los antiguos tucumanos las interpretaban como el “espíritu petrificado de los antepasados” y tenía una función protectora y de relación con la divinidad.
Según Federico Kirbus, en las construcciones existe un diseño urbanístico preconcebido y una mejor observación del complejo permite apreciar que para la construcción de toda la ciudad, debieron existir arquitectos, urbanistas, ingenieros. Un embalse para regadío situada al sur, con una salida de agua que podía abrir o cerrar a voluntad, con canales de derivación, nos muestran la existencia de ingenieros hidráulicos.
Un paredón está decorado con dibujos en piedra blanca que muestran la estilización de serpientes, pájaros y llamas. El conjunto muestra un equilibrio visual entre la horizontalidad de los muros y la vertical de la montaña, y todo ello sólo puede haber sido concebido por artistas plásticos.
Los campos de cultivos, los depósitos y los morteros comunitarios nos hablan de una organización en la que intervenían agrónomos, economistas y sociólogos.
La armonía de vida y la administración de Justicia, estarían regidas por la influencia de consejos de Pachacútec, que entre otras cosas había sentenciado:
“Cuando los súbditos y sus capitanes y curacas obedecen de buen ánimo al Rey, entonces goza el reino de paz y quietud”.
“La envidia es una carcoma que roe y consume las entrañas de los envidiosos”
“El que mata a su semejante, necesario es que muera, por lo cual los Reyes antiguos, progenitores nuestros instituyeron que cualquier homicida fuese castigado con muerte violenta y Nos lo confirmamos de  nuevo”.
“En ninguna manera se deben permitir los ladrones; los cuales, pudiendo ganar hacienda con honesto trabajo y poseerlas con buen derecho, quieren más haberla hurtando o robado; por lo cual es muy justo que sea ahorcado el que fuere ladrón”.
Los jueces que reciben a escondidillas las dádivas de los negociantes y pleiteantes deben ser tenidos por ladrones y castigados con muerte, como tales”.
Entonces estamos en condiciones de afirmar que si existían militares, sacerdotes, ingenieros, arquitectos, artistas plásticos, agrónomos, economistas, sociólogos y juristas, habrían existido también médicos, y con estructura sanitaria bien organizada.

La organización médica

Existían los médicos del Inca, los HANPI CAMAYOC, elegidos por los curacas y caciques, y los médicos del pueblo, los SONCOYOC, como así también los médicos ambulantes (¿sanitaristas?), los CALLA HUALLAS, que recorrían las poblaciones, conocían las virtudes de las hierbas y las ofrecían en los mercados, organizando HAMPICATU (¿farmacias?), junto a los CCAMILES (herbolarios-farmacéuticos).
Todos ellos, para acceder a su categoría, después de adquiridos los conocimientos necesarios, debían realizar el noviciado, que consistía en un número de penitencia y ayunos, se piensa que para templar su moral y su espíritu médico, ya que debían servir a los demás, combatiendo a las enfermedades, que rompían el equilibrio entre el hombre y la Creación.
Hasta nuestros días han llegado en idioma quichua, ciertas palabras que demuestran un conocimiento notable sobre medicina:
piel = ccara.
cerebro = ñoccto
corea = taqui oncco.
locura = utik.
idiotez = ppanra.
cabeza = huma.
corazón = sonco.
intestino = chunchulli.
temblor febril = ochuchu.
sordomudez = upa.
Recuerdo un tejido de la cultura Paracas, que muestra un parto, hay dibujos que semejan embriones, una especie de cordón umbilical lleva adosado tres riñones, con su cápsula suprarrenal (¿circulación extracorpórea?). Otras figuras situadas arriba de las nombradas parecen simbolizar la circulación arterial, venosa y la linfática, con sus colores rojo, azul y amarillo respectivamente. La cultura Paracas existió hace 2.500 años.
El diagnostico de las enfermedades se hacía por procedimientos de tipo mágicos, con maíz, u observando las entrañas de los animales sacrificados. Las mismas eran identificados además por su sintomatología particular: dolor (nanay), abscesos (chupu), pus (qqea), vómito (quepnay), tos (uhu), bocio endémico (coto).
Conocían también la cirugía, en la zona de Paracas, se practicaban las trepanaciones de cráneos, que indicaban en las fracturas producidas por armas de guerra, como mazas y macanas. Hay autores que refieren que se trepanaba también con fines mágicos.
Todo los expuesto nos muestra las razones que tuvieron los antiguos tucumanos para querer absorber la cultura incaica, ya que hasta entonces se había basado en el conocimiento adquirido mágicamente por los “hijos del trueno”, aquellos seres que durante el nacimiento o su concepción habían sido acompañados por lluvias y truenos. A su adultez, desempeñaban tareas médicas.
Más adelante, nos imaginamos que también nuestras tierras habrán recibido la influencia de la sentencia de Pachacutec:
“El médico o herbolario que ignora las virtudes de las hierbas o que, sabiendo las de algunas, no procura saber de todas, sabe poco o nada. Conviénele trabajar hasta conocerlas todas, así las provechosas como las dañosas, para merecer el nombre que pretende”.

La concepción de la psiquiatría.

Dice José Ingenieros en su libro “La Locura en la Argentina”: Conviene detenerse en particular sobre el grupo quichua, que formo casi totalmente la sociedad tucumana. ¿Cuál era el concepto de la locura y de su tratamiento entre los indígenas del Noroeste Argentino? “Los Datos que poseemos se deben a cronistas coloniales del Perú, ampliados y corregidos por modernos alienistas limeños; el grupo indígena quicho-argentino era, en efecto, una variedad de las razas peruanas”. “El vocabulario quichua posee numerosos términos de interés psiquiátrico, ya que distinguían las distintas formas de locura: la susceptible de la expansiva, la melancólica de la furiosa, la espantadiza de la impulsiva, la embriaguez alcohólica, el desmayo, el delirio, la disparataría”. “Con palabra especiales se designa al demente, al bobo, al estúpido, al mentecato, al necio, al tonto, al trastornado y al zonzo”.
Como señalamos más arriba, el hombre debía guardar un perfecto equilibrio con la Naturaleza (Pachamama), no era el rey de la creación, sino solamente parte de la misma. Esta situación engendraba obligaciones y derechos con respecto a las demás cosas creadas, animales, vegetales y minerales. Con mentalidad actual diríamos que respetaban su ecosistema.
Pero no todo quedaba allí, en su mundo circundante, sino que abarcaba relaciones con sus antepasados (el pasado), y el futuro.
Por ejemplo, cuando el llaqui (depresión), atacaba a un individuo podía pasar a un estado de excitación (¿psicosis maníaco depresiva?).
Como los griegos, creían que las funciones psíquicas anidaban en el corazón, entonces podían diferenciar entre afecciones causadas por “robo del corazón” (las neurosis-el corazón existe, pero su dueño no lo tiene-), y por “destrucción del corazón” (las psicosis).
Federico Sal y Rosas describió el morbo “sonco-ñanay” (enfermedad del corazón) que comprende una serie de fenómenos nerviosos críticos y recurrentes acompañados por pérdida o alteración de la conciencia, comprendida la epilepsia, en una comunicación al Congreso Mundial de Psiquiatría de Madrid -1966, en base a estudios realizados sobre la concepción mágica de la epilepsia entre los indígenas del Perú.
Esta concepción llego hasta nosotros gracias a la descripción que Gusmán Poma de Ayala hizo en 1500, del cuadro mental de la emperatriz Mana Cava, esposa del Inca Capac Yupanqui.
Del antiguo Tucumán tenemos referencias que diversos traumas psíquicos producían el “susto” o “rapto del alma”, cuando este cuadro atacaba a niños, desencadenaban temores y angustias, si en cambio lo hacía en adultos prevalecían astenia y la depresión. El paciente sufría enflaquecimiento progresivo, crisis de terror, gritos. El curso subagudo o crónico de la muerte podía llevar a la muerte.
Todo era debido a que la Tierra se había llevado el alma, por lo que se recurría por medios de ritos a la invocación y vuelta del alma ausente, y es explicaciones de una mezcla de pétalos de flores y harina sobre el cuerpo del paciente.
La migración del “padrejon” en el hombre o de la “madre” en la mujer, a través del cuerpo, desencadenaba crisis histéricas.
“La coca, la belladona y el chamico, muy usados, dice José Ingenieros producían con frecuencia trastornos mentales de origen tóxico”. “Conocían las consecuencias de los abusos alcohólicos. No eran desconocidos  las psicopatías sexuales”.

Psicoterapeutas y psicoterapias.

Laín Entralgo cita a cronista como Cobo (año 1600) que referían que enfermedades producidas por pecados, culpas, faltas, podían no sanar con medicina. Entonces recurría al ICHURI (médico confesor) que hacía decir al enfermo en voz alta todas aquellas cosas que le producían culpas, en lugares especiales (el del Inca se llamaba Cayan).
El paciente debía expresarse mirando a un río, para que las aguas del mismo al llevar todas sus culpas y angustias al mar o a otro río lo liberaran de las mismas, ya que el hombre –repito- formaba parte de la naturaleza.
También conocían a los MOSCOV, médicos que hacían el pronóstico por los sueños y a los MACSA, que curaban mediante ceremonias a las huacas, embustes y supersticiones.
A fines de 1986, en Tucumán, tuve ocasión de conversar con un profesor de Psicología de la Universidad de Tacna. Me refirió que en Arequipa, hay médicos indígenas que curan depresiones infantiles, haciendo que el paciente acercando una piedra a sus labios, hable de sus problemas. Acto seguido el médico la arroja bien lejos, ya que la piedra se impregna de la angustia, culpa, depresiones del enfermo, el que queda liberado. Esto muestra la subsistencia del incario y da razón a Carlos Alberto Seguín, cuando afirma que el psiquiatra del futuro deberá ver cada vez más al pasado.
En ese pasado en donde ya se sentenciaba con certeza eterna:
“La embriaguez, la ira y la locura corren igualmente; sino que las dos primera son voluntarias y mudables y la tercera es perpetua”.
PACHACUTEC

Consideraciones finales

Debemos cuidar más nuestras tradiciones y nuestra historia, ya que nos indica quienes somos, de donde venimos y a dónde debemos ir.
Valoremos más nuestra herencia cultural americana. “Los pueblos que olvidan a sus tradiciones, pierden conciencia de sus destinos”.
Si a un pueblo se le afecta su memoria, se le dañara también su personalidad. Por ejemplo, tengo entendido que lo primero que hicieron los israelíes al volver a su tierra: Fue llamar a los arqueólogos, para saber como pensaban, como vivían, como se expresaban sus antepasados, en una palabra para recuperar su memoria y por ende su personalidad, recién entonces serían ellos mismos. Trasladaban diseños y figuras encontradas en antiguas vasijas a tela que luego exhibían orgullosos en sus prenda de vestir, ya que eran dibujos propios, y desde allí sabían que recién podían integrarse a todos los adelantos científicos y técnicos.
En nuestro caso, en los Valle Calchaquíes han quedado giros idiomáticos y costumbres que muestran que Pachamama existe junto a Madre España, y de ese formidable sincretismo procedemos nosotros.
Que razón tienen los poetas populares de nuestra hermana mayor, Buenos aires cuando dicen:
No sentir por lo nuestro un falso pudor,
Convencernos y así convencer, 
y ser al menos una vez nosotros, 
sin este tinte del color de otros.
Recuperar la identidad, 
plantarnos en los pies, 
crecer hasta alcanzar la madurez. 
ELADIA BLAZQUEZ

Como Profesor Titular de la Cátedra de Psiquiatría de la Universidad Nacional de Tucumán, fundada hace 38 años por mi maestro Juan Dalma –aquel que vino de Europa, nos enseñaba su cultura, y tenía como Séneca una gran capacidad de asombro, sobre todo ante lo que le revelaban las culturas americanas- saludo junto a todos mis colegas del interior del país, a los primeros y fructíferos 100 años de la Cátedra de Psiquiatría de Buenos Aires.
Es el inicio de otros 100 años que seguramente serán tan positivos como los transcurridos, es el inicio de un nuevo camino. Entonces, desde el fondo de los 800 años de historia psiquiátrica que tenemos, y con orgullo de psiquiatra y de argentino, saludo a la Cátedra de Buenos Aires, con un cariñoso AMA SUA, AMA LULLA, AMA CKELLA. ** 
 
** No seas ladrón, No seas vicioso, No seas mentiroso. 

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