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Pueblo Originario | December 16, 2017

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La crueldad de Milagro Sala

La crueldad de Milagro Sala

Cuando Antolín Zenón entró a la oficina ministerial vio rastros de la cara de Lucas Arias estampada en sangre en la pared. Apoyó el balde amarillo en piso y con un trapo húmedo comenzó a refregar.
Luego acomodó los muebles y limpió el lugar, como le habían ordenado.
Varias veces tuvo que bajar las escaleras angostas para cambiar el agua roja de su balde y volver a subirlas con el agua limpia para seguir limpiando. Cuando terminó su trabajo, casi no quedaban rastros de lo que había pasado.
César Cristian “Lucas” Arias militaba en la Corriente Clasista y Combativa. Era un tipo instruido y, por sobre todo, con mucha pasta de líder.
Estaba en pareja con la hija de un viejo líder político de Jujuy, el “Perro” Santillán, de carácter duro, serio, pero muy sociable.
El día de la golpiza, Lucas había llegado ilusionado al despacho ministerial.
Le habían prometido el dinero para una pequeña cantidad de viviendas, y esa tarde debía reunirse con el entonces ministro de Tierra y Vivienda, Luis Cosentini.
Su objetivo parecía cada vez más cerca; sabía que Milagro Sala no estaría para nada contenta.
El kirchnerismo hizo de las viviendas sociales una herramienta para otorgar poder. La líder de la Tupac Amaru recibió más de 1.500 millones de pesos que debían destinarse a obras. Esos recursos del Estado la empoderaron.
Las casas de Milagro Sala no pertenecían a la gente que las habitaba, nunca les dio los títulos de propiedad.
Las viviendas en realidad eran una suerte de conjunto habitacional equivalente a barracas militares en las que ubicaba a sus militantes.
Y éstos podían permanecer adentro en tanto y en cuanto cumplieran con sus órdenes, que podían ir desde repartir una copa de leche, hacer un piquete, quemar la casa de gobierno o, incluso, disparar contra algún “enemigo” o servir de dama de compañía para su hijo, “El Reptil”.
Si no aceptaban las órdenes o “La Flaca” sospechaba alguna deslealtad, previa golpiza, la familia entera era desalojada de la barraca.
Algunas veces las viviendas eran construidas por la gente que las habitaba y otras por albañiles que no llegaban a cobrar más de cinco mil pesos por 12 o 14 horas de trabajo. Protestar podía significar perderlo todo.
Del dinero que Sala recibió del Estado, el fiscal anticorrupción de Jujuy habla de un faltante de 700 millones de pesos (en dinero de hoy serían unos $1.600 millones) correspondientes a obras que figuran terminadas y no existen, y a otras que están apenas empezadas.
De las casas que sí levantó, progresivamente fueron bajando la calidad de los materiales que usaban para la construcción y muchas deberán demolerse o refaccionarse.
Se estima que en los últimos años robaron hasta el 50% del valor destinado, supuestamente, a cada obra.
Con la enorme cantidad de dinero que le daba el gobierno nacional, Sala corrompió a funcionarios e incluso nombró a miembros de la policía provincial. Ella era el poder de la provincia y no estaba dispuesta a compartirlo con nadie.
Por eso hizo todo lo que pudo para que el militante de la CCC no accediera al dinero que reclamaba.
Incluso, para presionarlo, instaló al padre de Arias, que estaba viviendo en situación de pobreza, en una casa adentro de la Tupac. Pero el dirigente no daba marcha atrás. Sala lo amenazó en varias oportunidades.
En el ministerio todos sabían que si Lucas se encontraba con Milagro algo grave iba a pasar. El ingeniero Abdala recibió a Arias y a su amigo Juan Maidana, y los invitó a pasar a su oficina.
Dijo que esperasen, que en unos minutos Cosentini los atendería allí.
Era un despacho chico, con un sillón, un escritorio de madera y una ventana grande que dejaba ver una vieja y frondosa tipa que daba sombra al patio de afuera.
Cosentini llegó al poco tiempo; intentaba disimular su nerviosismo sin conseguirlo. Lo delataba la mirada, que insistentemente se le desviaba hacía la puerta, todavía cerrada.
Después de haber buscado en varias oficinas, Sala, escoltada por sus matones, subió una escalera angosta de cerámica colorada.
Pateando la puerta entró al despacho y se abalanzó sobre Arias. Con la culata de un revolver le dio varios golpes en la cabeza. Cuando se cansó, siguieron sus hombres.
Arias quedó tirado sobre un sillón desvencijado por la golpiza. Uno de los miembros de “La Vagancia” (así llamaban al grupo de choque más cercano a la Flaca), lo levantó del pelo y comenzó a golpearlo contra la pared hasta casi noquearlo. Sala los detuvo y Lucas cayó nuevamente sobre el sillón, con una hemorragia nasal.
Milagro se le acercó, apoyó su mano en la rodilla de Lucas y, mirándolo a los ojos, le dijo: —Hermano, mirá donde tuvimos que llegar ¿por qué me obligas a esto? mirate como estás, dejá de meterte con mi hijo, vos lo querés matar. Dejemos de pelearnos, si necesitas algo me lo pedís a mí, que yo te voy a ayudar.
Sala hizo seña a sus matones para que la siguieran y salieron de la oficina. Cuando bajaba las escaleras, se cruzó con la madre de Arias, que lo buscaba desesperada, Rosalía imaginaba que algo malo había pasado.
—Andá a buscar a ese hijo de puta. Lo vas a tener que recoger con cucharita — le dijo Sala mientras se retiraba de la escena rodeada de varios integrantes de “la Vagancia”.
La madre de Arias entró corriendo a la oficina.
Después de ayudar a Maidana que se atragantaba con un coagulo de sangre, abrió la ventana para que entre aire, cortó un pedazo de tela de la cortina y cubrió la nariz de su hijo, para parar la hemorragia.
Con ayuda de otros militantes de la CCC los sacaron de ahí. Seis meses después, Arias se murió. Los médicos que lo atendieron dijeron que a causa de una leucemia.
La muerte de Lucas Arias fue motivo de festejo para Milagro Sala.
Uno de los testigos cuenta:
“Meses después, Milagro me envía un mensaje de texto nuevamente para que me haga presente en su domicilio particular. Cuando llego estaba ella, Raúl Noro y Nando Acosta festejando la muerte de Lucas gritando ‘Por fin te has muerto negro pata sucia’. Había fallecido Luca Arias. Me piden que los lleve a un bar del centro de la ciudad, tomaron cervezas y vino mientras brindaban por la muerte de Luca y propinaban insultos en contra de dirigente de la CCC. El festejo duró varias horas, concurrimos a distintos bares no sólo del centro de la ciudad sino también de barrios cercanos, nos embriagamos, sobre todo Milagro Sala, festejando la muerte del ‘negro pata sucia’”.
Recientemente fue confirmado el procesamiento de Sala por los jueces Néstor Hugo Paoloni, Carlos Cattán y Perla Portal de Albisetti.
El procesamiento había sido dictado por el juez penal Pablo Pullen Llermanos en el marco de las investigaciones de la causa por agresiones contra Arias que algunos meses después llevaría a la muerte del dirigente social de la agrupación Corriente del Pueblo.
Ni Cosentini ni Abdala denunciaron la golpiza que recibió Arias en las oficinas municipales, en 2006.
Después de trabajar durante muchos años como ordenanza, Antolín Zenón se jubiló y actualmente vende flores en la puerta del cementerio de Libertador junto a su mujer; un puesto que también había ocupado la madre de su esposa, y antes la abuela.
Artículo extraído del diario Clarín – Por Gabriel Levinas

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