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Pueblo Originario | March 26, 2017

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La Antigua Provincia de los Diaguitas: Vestido

La Antigua Provincia de los Diaguitas: Vestido

Ante todo, dejemos, constancia de que con este rubro vamos agrupar todo lo que se refiere al embellecimiento de la figura humana, en el más amplio sentido. Para ello podemos apelar a diversos elementos de información: las fuentes históricas, los restos arqueológicos, los grafitos en que aparecen representados seres humanos y, aún, los tejidos y adornos que se exhuman como componentes del ajuar funerario y –en cierto caso particular, según veremos- vistiendo alguna momia. Todos estos elementos combinados nos han de permitir diseñar, con una aproximación suficiente, las características de su vestuario.
Ignoramos si practicaban el tatuaje, pero sabemos –por el testimonio de la arqueología- que se pintaban el rostro. El peinado era un renglón importante. Según del Techo y, particularmente, según Lozano, la cabellera era la más grande gala de los diaguitas y cortásela suponía una terrible ofensa capaz de encender la guerra. Este significado especial del pelo largo es común a todos esos pueblos y Ambrosetti, en sus Notas recordadas, revela documentos –especialmente de La Rioja- que así lo prueban. El uso del cabello largo en esa región lo comprueba Boman, con sus hallazgos arqueológicos. Quiroga nos ha explicado los detalles del peinado calchaquí cuya complicación constituye una obra vistosamente intricadas y que no tiene relación con el sencillo que utilizaban. Luego de distribuido el cabello sobre la cabeza, esta tarea terminaba con unas especies de moños, especialmente al lado de las orejas, al modo hopi, salvo en la región del Angualasto (San Juan) en donde parece sería de uso corriente la trenza unida con bridas. Si las trenzas quedaban sueltas, se les remataba con borlas de formas y colores variables. Entre los capayanes las trenzas se enroscaban en la frente, adornándolas con vinchas, plumas y otros elementos. Quizás las lloronas, de los velatarios, presentaban un peinado mucho más simple, como sostiene Ambrosetti. La depilación era practicada, habiéndose encontrados pinzas de cobre, para tal objeto, en los ajuares funerarios.
Se tocaban con gorras tejidas de formas diversas a las que el mismo estudioso llama tanga, en tanto que en Angualasto utilizaban un casonete en forma de boina vasca, confeccionada con dos capas superpuestas de tejido de lana según Vignati, adornando, además, la cabeza con discos de oro, plata o cobre. Los guerreros usaban coronas de plumas y escudos que ataban el antebrazo. Brazaletes de plata o cobre, topos o agujas y placas pectorales, lisas o grabadas, de los mismos metales complementaban otros aspectos de su adorno. Algunos de esas placas grabadas eran muy bellas, por la riqueza de sus elementos decorativos. Usaban aros pequeños y livianos, por lo que –a diferencia de los orejones del Tahuantisuyo, no dilataban el tamaño de sus lóbulos. Algunos hallazgos arqueológico, frecuentes en las tumbas, permiten establecer el uso de collares formados de gualcos o guaicas, con su agujero central de suspensión. Estas que son, casi siempre, de piedra – malaquitas, pórfidos, piedras calcáreas, etc.- o de hueso, se presentan, excepcionalmente de metal. Amuletos, consistentes en figuras antropo, zoo y ornitomorfas, sujetábanse al pecho. Por último, de cobre son, también, los cetros de mando, grandes hachas decoradas que, según los arqueólogos nombrados, eran usados por los caciques calchaquíes.
El elemento principal de su vestido es la prenda tejida que los cronistas – Narváez, Romero y Monroy- llaman camisa o camisetas, nombres aceptados por algunos de los investigadores modernos –Boman, por ejemplo- en tanto que otros le denominan túnica. El padre Techo, en su capítulo tantas veces citado, nos habla del vestido de estos indígenas diciendo: Vestis ad terram fluxa et ad sinun cingullo collecta. En las pictografías de Carahuasi, estas prendas, blancas y amarillas, algunas de ellas con adornos de colores variados, llegan hasta los tobillos, dato ratificado por los jesuitas Romero y Monroy, antes citados, los cuales agregan que estas prendas se ciñen con una cintura, cuando van a la guerra o de caza, o viajan. Techo subraya, también, el detalle, pues hablando de el traje talar sujeto con un ceñidor, añade que el ropaje variaba según el estado civil, en las mujeres, pues las doncellas visten telas pintadas de colores, y las que no son, lisas.
También en la región de Angualasto, el cadáver momificado, recientemente estudiado por Vignati, llevaba una de estas túnicas de, más o menos, un metro de largo, de lana tejida, color vicuña y formada de un solo paño. Esta prenda se vestía por la cabeza y su única –alcanzaba a 40 centímetros de longitud, con un ribete pespunteado que, al aproximarse a los extremos, se advertía más grueso y compacto. Este refuerzo se acentuaba con dos aplicaciones de trencilla. También presentaba pespunte al borde de una especie de medias mangas, de forma particular. Un ribete de color pardo, casi negro, se repetía en el borde inferior de la pieza, la cual estaba sujeta al cuerpo por un cinturón que los rodea varias vueltas y formado por una serie de seis cordones bien trenzados que arranca de un nudo. Su longitud es de tres metros más un fleco de otros dos metros más, con una gran variedad de colores en el tejido.
Ambrosetti, Quiroga y Boman han hallado y presentado fragmentos de ponchos de diversos lugares de la región. En Angualasto éstos existían en mayor número, a juzgar por el ajuar de la momia a que nos venimos refiriendo.
En toda, el área diaguita el calzado estaba constituido por las ushutas u ojotas. Los dos pares que se encontraron en Angualasto estaban curiosamente decorados, pero a pesar de ellos, su acentuado degaste mostraba un uso continuado, lo que revela no estaban destinados a un fin puramente ornamental. Las suelas constaban de una doble plantilla, del tipo que Vignati ha llamado andina, por oposición a otro tipo que ha denominado chaqueña constituida por un solo cuero y estaban ornamentadas con un repujado que ocupaba toda su superficie. Además, uno de los pares estaba pintado de rojo, siendo, sin embargo, el que presenta una decoración menos artística.
Por último, otra prenda, que aún hoy esta en uso en el noroeste, la chuspa, o bolsa tejida, para guardar la llijita y la coca, suele dar lugar a hallazgos tan raros como el que Ambrosetti hizo en Vinchina, localidad de La Rioja.

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