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Pueblo Originario | June 28, 2017

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La Antigua Provincia de los Diaguitas: Resumen fisiográfico

La Antigua Provincia de los Diaguitas: Resumen fisiográfico

Por tratarse de un pueblo extinguido, Ten Kate no compara a los diaguitas con los actuales ocupantes del territorio, ya que son una población mestiza.
1. BREVISIMO RESUMEN FISIOGRAFICO
El territorio ocupado por los pueblos de los valles preandinos corresponde, según al estado actual de nuestros conocimientos en esta materia, al sudoeste de Salta, Catamarca, los valles del oeste de Tucumán, el norte y centro de La Rioja, el este de San Juan y la región de Santiago colindante con Catamarca, debiendo tenerse en cuenta, sin embargo, las diferencias de opinión que más adelante serán puntualizadas respecto a algunas zonas de interferencia.
La topografía de este extenso territorio, dentro de las variantes locales, es bastante homogénea. Su límite occidental está marcado por los contrafuertes cordilleranos. Toda una vasta serie de cadenas secundarias, accidentes independientes del sistema orográfico de la cordillera de los Andes, se extienden en estas regiones, creando –entre unas y otras- la existencia de grandes planicies, que reciben, según los casos, el nombre de valles o de quebradas, reservando la primera denominación para aquellos de mayor anchura e importancia. La altura de aquellas cadenas y de los espacios llanos intercomunicantes en los que se agrupa la población, varía según los lugares, siendo esta altura una de las razones explicativas de la pobreza de la vegetación existente en la región. La otra razón es la tremenda sequedad de los terrenos, resultante de la carencia casi completa de corrientes de agua permanentes y la falta de precipitaciones atmosféricas durante gran parte del año. Este desecamiento progresivo de terreno es una de las causas más definidas de la decadencia actual de la región. La ausencia de lluvias, cuyo régimen normal hubiese podido compensar la no existencia de ríos copiosos, hacen aún más dramáticas las condiciones de vida del hombre. Nada más característico que esos campos de Catamarca o Salta, por ejemplo, abrazados por la sequía y calcinados por el sol, hasta la llegada de la época de las lluvias. Entonces el agua que cae sobre las serranías corre por las laderas, converge por sus declives naturales formando torrentes y desciende a las quebradas con el redoble fragor de sus piedras arrastradas. En esa época, de pronto, el escenario varía. Cada quebrada se convierte en el lecho de un río tumultuoso y traicionero, que intercepta el paso por la violencia de su corriente y por el oculto peligro de las gruesas piedras que, llevadas por el ímpetu de su curso, pueden convertirse en mortíferos arietes para hombres o bestias. Este fenómeno de la invasión de las aguas sobre sus cauces preestablecidos, que son las quebradas –normalmente en seco o poseedoras, apenas de un hilo de agua- es un fenómeno propio del noroeste argentino y constituye el principal obstáculo para la seguridad y exactitud de los viajes en la época de verano. Por otra parte, estas crecientes esporádicas desaparecerán tan pronto como su causa productora, la lluvia, ha dejado de aportar el caudal necesario.
2- RAZA (RESUMEN ANTROPOLOGICO)
Para el conocimiento de la antropología de los antiguos habitantes de los valles preandinos, poseemos la valiosa monografía de Ten Kate, ya recordada, que es una obra clásica en este género de sus estudios y que tiene el valor de haber examinado con una extrema meticulosidad no sólo el aspecto craneológico, sino todos los vestigios esqueletarios de que pudo disponer. Además, algunas monografías mucho más modernas, sobre puntos de detalle, particularmente en lo que se refiere a determinadas regiones del cráneo o a sus deformaciones intencionales, cuya base puede decirse que es la obra de Ten Kate.
Resumiendo sus observaciones encontramos que señala la existencia de seis de cráneos: 1º No deformado, mesaticéfalo o subbraquicéfalo; 2º De arcadas supraorbitales muy desenvueltas, frente fugente, índice cefálico 89.5; 3º De cráneo bajo y desenvuelto, sobre todo hacia atrás, prognatismo maxilar e índice cefálico de 86,6; 4º De formas bellas y regulares, índice cefálico 88,1; 5º Braquicéfalo (tipo de paleoamericano de Deniker); 6º De platicefalía aparentemente natural (2 casos) con índices cefálicos de 80,7 y 89,6. Todavía quedan tres cráneos de los que nos dice el autor que se encuentran en completa desarmonía con todo el conjunto, hasta el punto que he pensado en excluirlos de la serie general. He renunciado, sin embargo, no teniendo ninguna razón para dudar de la autenticidad de tales piezas .
Como se ve, a pesar de la gran variedad de tipos, la braquicefalia, en sus diversos grados, predomina incontestablemente, aun para los cráneos no deformados. Por las características de la órbita son todos megasemos; por las de la nariz, mesorrinos. En cuanto al resto del cuerpo, las vértebras son pocas robustas y aisladas, con apófisis espinosas bífidas. Son los huesos que presentan más caracteres patológicos, así como huellas de deformaciones óseas producidas por artritis reumática, lesionado, sobre todo, las dorsales y lumbares. Tanto las cifras, como el examen visual, demuestran que las diferencias sexuales no se manifiestan sensiblemente en lo que se refiere a las dimensiones de la pelvis; en cambio, el ángulo de apertura del pubis muestra grandes diferencias individuales. Las inserciones musculares son muy marcadas, particularmente las de los músculos deltoide y grandes pectorales y dorsales. Sin embargo, nada excesivo indicaría una raza muy robusta. Los húmeros derechos resultan más largos, en número, que los izquierdos. Los radios presentan crestas agudas y bien marcadas, habiéndose observado un proceso inflamatorio en la cabeza de uno de ellos.
La talla, según la escala de Manouvrier, resulta de 1634 mm., debiendo observarse que es la que corresponde al conjunto de los restos observados, es decir, a los dos sexos, pudiendo presumirse, acaso, un predominio de elementos masculinos lo que podría hacer rebajar esta valoración métrica. Tomando los casos extremos, se han podido encontrar esqueletos que daban una talla hasta 1786 mm para el individuo vivo, pero, pese a esta excepciones, la talla pequeña y la arquitectura relativamente débil de los huesos predomina y, (tout en admettant la pluralité des types parmi le groupe ethnique dit Calchaquíe), esta pequeñez y la extrema braquicefalía son sus características.
Por tratarse de un pueblo extinguido, Ten Kate no compara a los diaguitas con los actuales ocupantes del territorio. Un grupo de estos ha sido estudiado por don Carlos Bruch, quien confronta los datos hallados por él con el del antropólogo citado, observando diferencias fundamentales. Es evidente que éstas debían producirse por pretenderse la comparación de una población extinguida con otra mestiza actual. Los resultados obtenidos eran perfectamente normales.
Aún debe citarse tres monografías de estricta especialización craneométrica, debidas a Fernando Thibon, Juliane Dillenius y Carlos A. Marelli.
El profesor Imbelloni ha dedicado varios trabajos al análisis de la cuestión de la deformación artificial del cráneo, llegando a interesantes conclusiones. Por lo pronto, América se divide, según este autor, en siete zonas de deformación craneanas, de las cuales la sexta constituida por la costa y el Altiplano del Perú, y el hinterland boliviano, con ramificaciones hacia Chile y la Argentina es lo que se llama, en general, la región andina. Esta, a su vez, es suficientemente extensa como para ser dividida internamente en doce áreas, siendo la sexta la denominada área diaguita, con la subregión septentrional Calchaquí lo que establecería, desde el punto de vista antropológico, un apoyo a los que preconizan la diferenciación de estas dos grandes naciones, como decían los cronistas.
El profesor Imbelloni desecha el tipo llamado deformación Calchaquí, empleado habitualmente por los autores para caracterizar un tipo que pretendían bien individualizado. Imbelloni observa que esta determinación no descansa sobre una diagnosis muy segura, desde el momento que la mecánica característica de ella es confundida con otras muy diferentes. En efecto, los diversos procedimientos mecánicos de deformación –cuna, cofia, tablillas sueltas- pueden crear deformaciones muy semejantes, pero marcar, por la disimilitud de las técnicas empleadas, fuertes diferencias etnográficas que, si no se estudian desde el punto de vista del agente mecánico empleado, podrían pasar inadvertidas. La serie estudiada por Thibon, de cien cráneos, arroja 61 sin deformación notable, 33 fronto-occipitales, uno frontal, tres occipitales y dos circulares. Los cien que examinó la señora Dillenius son registrados por ella como deformados tabulares, aunque sin precisar si esta deformación es erecta u oblicua, cosa que sería de sumo interés averiguar. Imbelloni, gracias a las minuciosas diagnosis dadas por Ten Kate para cada cráneo, puede reconstituir las deformaciones acusadas por aquél, dentro de su propia nomenclatura, pudiendo así decir que <>. Más aun, si se examinan las dos clases de tabulares, se encuentra una gran mayoría de erectos, con respecto a los oblicuos. El área Diaguita, por consiguiente, es una zona de deformados erectos y los cráneos de otra forma son ciertamente alóctonos. Este es el significado que debe darse a la frase: deformación calchaquí, que se encuentra empleada tan a menudo, no siempre con dominio exacto de su significado.
Imbelloni explica, también, que de los circunferenciados, relativamente bajo, se debe, en parte, a que las medidas han sido tomadas directamente sobre los cráneos, sin tomar en cuenta las momias. Los hallazgos de esta clase, hechos en el área diaguita, se han practicado siempre en zonas periféricas (las pendientes montañosas del oeste y del norte) y representan, según el autor citado, un elemento alófilo.

Por FERNANDO MARQUEZ MIRANDA 

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