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Pueblo Originario | June 23, 2017

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Historia de los Lules

Historia de los Lules

(foto de las Ruinas Jesuíticas de Lules, Tucumán) Resumen del libro escrito por Guillermo Furlong S. J. , “Entre los Lules de Tucumán”. Ed. Por Talleres Gráficos “San Pablo” Buenos Aires 1941. El texto elegido corresponde a la investigación más científica que hemos encontrado sobre el tema. El autor escribe su libro teniendo como fuente, los escritos de los Jesuitas y otros “autores” que estuvieron al lado de los Lules desde el siglo XVI hasta la expulsión de la Compañía de Jesús en el 1767. El autor transcribe en muchas partes de su libro, los escritos originales de los Jesuitas. El Resumen respeta textualmente lo que Furlong escribe, pero dando una continuidad cronológica, ya que el autor en muchos momentos salta la cronología, para desarrollar la historia de algunos Jesuitas.

“ENTRE LOS LULES DE TUCUMÁN”

El mismo año de 1569 en que San Francisco Solano ingresaba en la Orden Seráfica, eligiendo al efecto el convento de Recoletos existente en Montilla, su pueblo natal, partía para el Perú en las naves del virrey Francisco de Toledo el padre Alonso Barzana, natural de Córdoba de Andalucía, según algunos biógrafos, aunque otros aseveran que era oriundo de Baeza.

 

Los dos hombres que habían de pasar a la posteridad como el hermoso apelativo de Apóstoles del Tucumán, eran hijos de Andalucía, nacidos y criados en Córdoba o en sus inmediaciones.

Barzana llegó a América antes que Solano pero el apóstol Franciscano penetró en tierras actualmente argentinas antes que el apóstol jesuita. Barzana trabaja apostólicamente, en el Cuzco cuando Solano penetró hasta tierras tucumanas, y estaba el jesuita contribuyendo en gran escala a la fundación de la celebre Reducción de Juli sobre el Lago Titicaca cuando el Franciscano sorprendía a los Lules en las orillas del Salado y cual Orfeo divino, los extraía de entre la enmarañada selva al son de su instrumento musical. Francisco Solano fue el primero que penetró en las selvas chaqueñas por el lado occidental de las mismas.  Su labor apostólica invadió sobre todas las regiones del viejo Tucumán llegando hasta las actuales ciudades y campaña de la Rioja y Santiago del Estero, Salta y Jujuy, pero fue en la ciudad de Tucumán, la antigua Tucumán y fue en los alrededores de la primitiva ciudad tucumana donde realizó su más fecundo apostolado.

En 1585 partió Barzana para el Tucumán en compañía del padre Francisco de Angulo y del Hermano Juan de Villegas y a 26 de noviembre de dicho año estaban todos en Santiago del Estero.

“Se han dado tal prisa a ejercitar los ministerios de la compañía, que solo el primer año un solo sacerdote que fue el P. Alonso de Barzana, aprendió la lengua Tonocoté o Lule y compuso arte de ella y catecismo, confesionario y sermonario, ultra de las demás lenguas que fue aprendiendo el mismo año que fue de 1585, en los primeros meses (que pasó en el Tucumán), que fueron desde principios de octubre hasta fin del año…” (Ref. Relación de las ocupaciones que han tenido y tienen y frutos que han hecho y hacen los Religiosos de la Compañía de Jesús en el Perú. Año 1601. Archivo Gen. de Indios, Sevilla: 71-3-19)

En el año 1589 llega desde Perú para ayudar al Padre Barzana el padre Pedro Añasco, natural de Chachapoyas en el Perú.  En el año 1590 a 1592 salieron ambos a misionar entre los indios del Chaco. Ambos hablaban la lengua Tonocoté, que era muy usual en las jurisdicciones de San Miguel de Tucumán y Nuestra Señora de Talavera de Madrid o Esteco; luego redujeron a preceptos la Kakana, que se hablaba en el Valle de Calchaquí, distrito de Santiago del Estero, su Sierra y los Diaguitas; la Puquinica, que corría en varias partes del Perú. Después se empeñaron en esta diligencia con las lenguas Guaraní, vulgar de todas las provincias del Paraguay y con la Querandí, propia de todo el partido de la ciudad de Santa Fe, valiéndose para estas dos últimas de intérprete inteligente. (Ref. P. Lozano Historia de la Compañía de Jesús en el Paraguay. Madrid 1754 I, 98)

“…porque por causa de la poco agua no se cría ganado y así el más ordinario sustento son hierbas, mazamorras y tortillas de harina de maíz, que pan no le hay, y algún pescado seco que traen acaso de la ciudad y ello viene tal como no hay sal en toda esta tierra, es comer astillas, por ser el pez seco en brasas…” Estas frases del Padre Añasco indican bien a las claras la vida sacrificada y abnegada que a ambos cupo en suerte mientras trabajaban en las misiones del Salado, reduciendo a los indios Matarás y Lules.

El 1º de enero de 1598, a la edad de setenta años, cuarenta de Compañía y treinta y cinco de misionero, fallecía en el colegio de Cuzco, el Padre Barzana.

¿Quienes Fueron los Lules?

Oviedo en su Historia de las Indias, obra publicada en 1535, al referirse al Tucumán no menciona a los Lules, sino a los que él llama Juríes, pero es indiscutible que uno y otro término constituyen una identidad léxico etnológica, aunque designa no a una simple nación sino a un conjunto de entidades étnicas distintas. Dichos Juries, según Fernández de Oviedo “eran muy altos de cuerpos e cenceños”, “osados e denodados” y diestros flecheros . Asevera que comían carne humana y que andaban desnudos y en grupos de diez en diez y de veinte en veinte y que eran tan ligeros como los avestruces o suris, de donde le vino el nombre de Juries con que los llamaban los Indios Diaguitas.

Oviedo y Barzana coinciden en las notas típicas que señalan, aunque el Jesuita no los presenta tan fieros y terribles como Oviedo, ya que nos informa que eran muy aficionados a bailar y cantar y que eran los mayores músicos, desde niños y con más graciosos sones y cantares de suerte que todas sus fiestas se reducían a canta y hasta sus muertes las cantaban, cantando llorando y bebiendo. ¿Fue este el temple de los Lules antes de San Francisco Solano o sólo después que él despertó en ellos la afición a la música?

Los Lules de Oviedo y Barzana eran alárabes, nómades y carecía por completo de sementeras, pero he aquí que el Padre  Techo se refiere a Indios Lules semi nómades, algarroberos, ganaderos y agricultores que iban vestidos y que hablaban la lengua Kacana y entendían las lenguas Tonocotés y Quichua.

A todas estas agrupaciones de Lules, aparentemente diversos entre sí, habría que agregar los lules de Salta que menciona Sotelo Narváez y que son sin duda los ya citados Lules Gachitas, llamados así por Monseñor Cabrera, y habría que agregar los Lules de Talavera o Esteco y sobre todo los Lules de Tucumán, así denominados por los cronistas para distinguirlos, aunque la única diferencia era tal vez la localidad que habitaban y las peculiaridades que el ambiente les daba.

Refiriéndose solamente a estos Lules de la jurisdicción de Tucumán recuerda el Doctor Lizondo Borda, que ya hacia 1566 el oidor Matienzo citaba un vado o “paraje de los Lules”, sobre el río Grande o Sali, por el sur de Tucumán y que hacia fines del siglo XVI, en dicha jurisdicción había pueblos de Lules reducidos y hasta había una “provincia de los Lules” (que antes fue la provincia de Salí), cuyo centro parece haber sido la región que atraviesa el río Lules actual, desde la montaña hasta su desembocadura en el Grande o Salí. Estos datos establecen la existencia de los Indios Lules en la jurisdicción de Tucumán desde épocas remotas ya que habían llegado a penetrar en la toponimia local. El actual río de La Calera afluente del Salí cerca de la ciudad de Tucumán, pero en Burroyacu, se le denomina Nune en un documento de 1600, pero esta voz no puede ser sino una forma corrompida de Lule. A ser así probaría que los Lules solían pasar y acampar por esa región cuando volvían de las riberas del Salado. Por lo cual sostiene el doctor Lizondo Borda, contrariamente a lo que sostuvo Monseñor Cabrera, que los Lules a mediados del siglo XVI ya pasaban y acampaban por tierras que son del Tucumán actual, cuando iban a atacar a los pueblos enemigos

El padre Lozano, antes mencionado y quien trató muy de cera a los Misioneros que fundaron las reducciones de Indios Lules nos dice: “La última Nación del Chaco, es la de los Lules o Tonocotés, que se dividen en Lules grandes y pequeños. Los pequeños son los que propiamente mantienen en su parcialidad el nombre Lules; porque los grandes se vuelven a dividir en otras tres parcialidades de Toquitinés, Ysistinés y Oristines y  los grandes y pequeños son entre sí muy opuestos. Sus ascendientes ahora ciento y cuarenta años fueron cristianos y reducidos a Pueblos por San Francisco Solano su primer Apóstol y cultivados por el Venerable padre Alonso de Barzana de nuestra compañía, formando numerosas encomiendas que gozaba la Ciudad de Talavera de Madrid, llamada comúnmente Esteco; más hostigados con los malos tratamientos ya premio de de los encomenderos, mataron a uno de ellos y se retiraron a los antiguos bosques, que son unos secadales a donde por falta de agua no podían penetrar el Español y vienen a caer entre Tucumán y Salta, Río Valbuena abajo, aunque otros Tonocotés se internaron en el Chaco. Los que quedaron inmediatos se ocultaron de manera que aunque tenían comunicación con una parcialidad de los Mocovíes que vivían sobre las márgenes de dicho Valbuena, no tuvieron nunca noticias de ellos los Españoles, hasta que desde el año 1700, por la carestía de mantenimientos, salieron algunas familias de dichos Lules a la ciudades de la Frontera, que se quedaron al abrigo de los Españoles y muchos de ellos recibieron la fe y dieron noticias de los demás.

Recordemos que a fines del siglo XVI trabajó entre los Lules el padre Alonso Barzana y a principios del siglo XVII se ocuparon en la conversión de los Lules los padres Monroy y Viana, pero acaeció que poco después y contreñido a ello por los vejámenes de los encomenderos, se sublevaron los indígenas de la jurisdicción del Tucumán, y penetraron en las selvas chaqueñas.

Los Lules se retiraron a la selva chaqueña y no parece que trataran de molestar a los pobladores de las ciudades españolas, contrariamente a lo que practicaron durante todo el siglo XVII otros indígenas, de suyo más guerreros y más vengativos. Sabemos por Lozano y por Machón que durante todo aquel siglo indios diversos de los Lules hicieron incursiones por las fronteras de la gobernación del Tucumán, llegando la inseguridad de las poblaciones españolas a ser tan grande que los caminos de la Provincia estaban “sobre manera infestados, cometiendo en los viajantes crueldades atroces, especialmente en las fronteras de Salta, Tucumán y Jujuy, por donde no se podía traficar sin numerosas escoltas y los indios se atrevían ya a invadir a las mismas ciudades, dentro de cuyos recintos no había seguridad de sus hostilidades.

Techo en la historia del Paraguay, hablando de los padres Fernando Monroy y Juan Viana, dice en el año 1607 (siglo XVII) que los Lules antiguos hablaban diversas lenguas, estos es, la quechua, la tonocoté y la cacana. Ellos debían hablar la lengua quechua, porque eran súbditos de los incas o emperador del Perú, en donde la quechua era la lengua propia y universal; y debían hablar también la Tonocoté porque habían vivido con los Tonocotés y la lengua propia de ellos sería la Cacana, nombre que en la lengua quichua o peruana, significa serrano o montañés y proviene de la palabra caca, montaña

Cabreras y Lizondo Borda después de examinar las citas de Barzana, Techo llegan a la conclusión de que el Lule era el mismo idioma Kakano. “No hubo en todos los pagos de los lules, escribe Monseñor Cabrera, otra lengua genuinamente Lule, que la cacana” y el doctor Lizondo Borda escribe que “varias tribus de Lules debieron aprender el idioma Kakano, llegando a adoptarlo como suyo, si originariamente no lo fue”

Cuando a mediado del siglo XVI los Lules se dedicaron a invadir pueblos diaguitas y tonocotés de los llanos santiagueños, aprendieron sin duda la lengua de estos últimos, o sea el Tonocotés.

Ignórase cuál sea el significado de la voz Lule o Nune, que tal vez fue la forma originaria, pero según Hervás la voz Kaka equivale a peña, cerro, monte y los que la hablaban eran serranos o montañeses. Aún más: los Diaguitas que hablaban ciertamente el idioma Kakano eran los pobladores de los valles Calchaquíes, de donde se sigue que con toda razón se les denominara serranos o montañeses. Pero  los Lules, cuyo idioma originario era el Kaka, habrían procedido de los montes, estos es, del occidente y no del oriente.

Formación de la Reducción de Lules

Así las cosas, llegó de España con provisiones del Rey para Gobernador del Tucumán, don Esteban de Urizar y Arespacochaga. Apenas había entrado en Salta, que entonces era la morada ordinaria del Gobernador, cuando se acercaron algunos indios a atacar la ciudad. Este atrevimiento le dio a conocer la necesidad de asegurar las fronteras y su primer pensamiento fue hacer una entrada en el Chaco con todas sus fuerzas…haciendo una guerra defensiva que no consistiera más que en edificar fuertes y entablar negociaciones…

Lo primero que hizo don Esteban, luego que hubo recibido autorización del Virrey del Perú, fue escribir al P. Antonio Garriga, visitador de los Jesuitas del Paraguay, para pedirle cuatro de sus religiosos y aquel padre le envió inmediatamente a los PP. Francisco de Guevara, Baltasar de Tejeda, Antonio Machoni y Joaquín de Yegros.

El 10 de julio de 1710 partió de Esteco D. Esteban acompañado de un gran número de oficiales reformados y quedó muy sorprendido de hallar buena parte de su ejército que él creía que estuviese ya muy lejos acampado a 18 leguas de Esteco a la ribera oriental de un riachuelo o río llamado salado, que junto a Esteco se llama Río de Esteco y en el paraje en que se habían detenido aquellas tropas es conocido por Río Valbuena. Hasta habían edificado allí un fuerte… al que se denominó de San Esteban. Puso allí una fuerte guarnición y confió su mando al sargento mayor D. Nicolás de Vega y el P. Yegros recibió orden de quedarse allí.

El jefe Antonio de la Tijera, siguiendo el mismo camino en que lo había empeñado la casualidad sin saber aún a dónde le conduciría y pronto halló un cacique de los Lules llamado Galván, que sabiendo que había españoles en las cercanías, acudía con una tropa de sus guerreros para estorbarles que paseen adelante en el país…porque no quería, añadió, que abriese camino a los Mocovíes para irlos a inquietar. Esta respuesta produjo una negociación, de la que el jefe creyó que podía prometerse feliz resultado; pero una sublevación de sus soldados…le obligó a cortar el tratado y volver atrás. Algún tiempo después el sargento mayor Vega encontró unos Lules que huían por haber oído decir que los españoles se aproximaban a su país; habló con ellos y les aseguró que no había plan alguno de inquietarlos y que hasta estaban muy dispuestos a vivir en buena inteligencia con ellos; y se fueron al punto a avisar a su cacique llamado Coronel, quien fue luego a verse con el sargento mayor.

Empezó por decirle que su nación conservaba mucho resentimiento de que un Gobernador de Tucumán llamado Gaspar de Barahona, no lo había querido recibir en su provincia, donde estaba muy resuelto a vivir en paz con los españoles y de que el Obispo D. Manuel Mercadillo, a quien habían pedido misioneros, no se había dignado hacerles caso, aunque habían ofrecido reconocer al Rey de España por su Rey. Añadió que, a pesar de todo, permanecían en la misma disposición; y para convencer de ello al sargento mayor, le dio en rehenes a su hijo y quiso acompañarle él mismo al fuerte de San Esteban de Valbuena.

D. Esteban de Nieva, que allí mandaba, le recibió con grandes demostraciones de amistad y el cacique quedó tan prendado de sus buenas maneras, que sin poner condición alguna fue a buscar todos sus vasallo y los condujo al fuerte…Declaró Coronel que su intención era hacer alianza eterna con los españoles; que quería trabajar por juntar toda su nación, que era la de los Lules pequeños, en uno o dos Reducciones; que hasta procuraría atraer a los grandes Lules y que para tener ocasión de hacerles su propuesta, se ofrecía a acompañar al Maestre de campo la primera vez que acometiese a los Mocovíes.

Aceptó Nieva la oferta y dijo al cacique mientras el Gobernador de la provincia le señalaba el paraje donde se habían de establecer, podían alojarse con todas sus gentes cerca del fuerte y que allí harían sus chacras con toda seguridad.

En cuanto a los Lules y Ojotáes, el Gobernador pensó seriamente en formar dos reducciones con ellos. Escribió sobre el asunto el 4 de setiembre de 1711al P. Garriga, rogándole y requiriéndole un nombre del Rey que se encargase de ellas. El Padre Mateo Sánchez, Rector del colegio de Córdoba, respondió a D. Esteban que le era imposible darle misionero para los Ojotáes; pues en trece años no había venido ninguno de España, por haber sido hecho preso por los holandeses, el P.Burgés que traía una expedición numerosa…En cuanto a los Lules, agregaba el P. Sánchez, el P. Machoni, que desde el principio de la guerra había trabajado constantemente en instruir a aquellos indios, podría encargarse de ellos.

Dedicó  (D. Esteban) luego toda su atención a los Lules, cuya reducción fue colocada en el río de Valbuena, con el nombre de San Antonio y de la que ya había tomado posesión el P. Machoni. Como era de temer que estando tan cerca de las habitaciones de los españoles, fuera inquietada por aquellos vecinos, siempre descontentos de los indios no sujetos a encomiendas; escribió al Rey, a fin de quitarles los medios de turbarla, suplicándole que confirmase lo que había hecho; y Felipe V  expidió un decreto que fue notificado al P. Juan de Castañeda, procurador general de los Jesuitas en Indias, en carta de D. Francisco Castejón, Secretario general del Consejo de Indias, fechada a 1 de enero de 1710 y que el P. Lozano trae toda entera en su historia del Chaco. En ella se dice que la voluntad de S.M.C. es que no sólo la reducción de los Lules, sino cuantas en adelante se pudieren hacer en el Chaco, sean puestas debajo de la dirección de los Padres de la Compañía y gobernadas en la misma forma y con las cargas y privilegios que las de Guaraníes , que hay en las gobernaciones del Paraguay y del Río de la Plata.
Fundación de la Reducción de San Antonio (San Esteban) de Miraflores (1711)

Es aún inédito el precioso y extenso relato que sobre los orígenes de dicha reducción escribió el Padre Pedro Juan Andreu. Después de consignar lo que más arriba expusimos de que “la primera nación que admitió la paz en el curso del siglo XVIII, fue la nación Lule” agrega Andreu que esta nación de indígenas había sido conquistada al ingreso de los Españoles (a territorio Tucumano) y puesta en encomienda pero cobraron tanto horror al servicio personal los Indios, que toda ella se ausentó y estableció en unos bosques impenetrables que no tenían agua, con tal que el español no los pudiese seguir sin riesgo de perecer. Con acol y sandías entretenían la sed. En aquel terreno que es en los medios del Salado y Río Grande o Bermejo, estuvieron ignorados y olvidados por casi o mas de un siglo. Con el tiempo cavaron en aquellas tierras algunos pozos de balde; pero el agua de todos sobre profunda era muy salobre; surtían agua de algunas lagunitas que se recogían con las lluvias y tal vez salían a beber y levantar agua del río Salado.

Con esta ocasión vio sus rastros de a pie el tercio de Santiago: lo siguió y habló con algunos indios; y con el buen tratamiento que les hicieron los españoles admitieron el tratado de paz y salieron para ajustarla a la ciudad de Santiago 600 hombres de armas (que esa nación fue en aquellos tiempos muy numerosa; pero después que se domesticó, entraron las viruelas con tanta fuerza en ella, que casi la acabaron) Con la paz se les propuso la Fe. Todo lo admitieron que de antemano estaban movidos porque veían de noche por mucho tiempo una cruz muy resplandeciente en el aire, como ellos mismos contaron después a sus doctrineros.. El año de 1711 los puso en Reducción junto al Real Presidio de Valbuena el gobernador de la Provincia del Tucumán D. Esteban de Urizar y fue su primer doctrinero el P. Antonio Machoni, que presto se impuso en la lengua, que es muy simple y fácil y formó Arte y Catecismo de ella…esa Reducción se intituló de San Esteban en obsequio de su fundador.” ( ref. apuntes para la historia de la Prov. Del Paraguay Arch. De Sarriá Barcelona: vol Misiones del Chaco pp 127-176 Cf. Guillermo Furlong Pedro Juan Andreu en estudios L I p 218)

Junto al fuerte de Valbuena y ayudado por los soldados que formaban la guarnición del mismo comenzó el P. Machoni en 1711 a construir casas y moradas para sus neófitos, pues las miserables chozas que algunos de ellos se habían construido eran tales que ni la moralidad ni la higiene más rudimentarias podían avenirse con ellas.

Junto al fuerte y defendido por los cañones del mismo comenzó a trazarse las calles y levantarse las casitas, distantes algunos metros entre sí y rodeadas todas ellas de una muralla o palizada que los pudiera preservar de sorpresas…Como advirtiese la poca unión que había entre los Lules grandes y los pequeños, juzgó separarlos; y se le separó dividiendo la reducción en dos secciones, separadas por una pared o palizada y se dio a cada una su propio misionero.

Así los lules grandes como los pequeños sufrieron al principio de su nueva vida  el azote de la viruela que los diezmo, amén de los muchos que para verse libres del contagio huyeron a los bosques.

Eran tan solo unos 1200 los Lules cuando a principio de 1712 Don Urizer en persona quiso despedirse de ellos antes de volverse  Salta, que era su residencia habitual.

La lujuria y la borrachera eran las más tenaces cadenas que ataban a los Lules a su infidelidad. Desgraciadamente los soldados, cristianos solo en el nombre, que formaban la guarnición del Fuerte, eran un escándalo continuo en cuanto al desenfreno de la sensualidad y los indios bien lo sabían y aún en públicos sermones al reprender el misionero a los entregados ala vida lujuriosa no faltaban quienes señalando al Fuerte de Valbuena, le replicaba: “ya vemos lo que sucede en el fuerte cada día”.

La ubicación del nuevo pueblo de Lules junto al fuerte de Valbuena tenía la ventaja de estar custodiada por la guarnición del mismo y defendida de los asaltos de las indiadas que merodeaban en aquellas regiones, pero tenía muchas y muy graves inconvenientes de las cuales no era el menor el mal ejemplo y aún el escándalo que veían de continuo en los militares de la guarnición. Creía además el misionero que el alejar el pueblo de los soldados contribuiría a que se dieran al trabajo y perdieran la esperanza de ir recibiendo de ellos el necesario sustento.

Primer traslao de la reducción de los Lules (1714)
A mediado del año de 1714 pasó el P. Machoni a Salta y propuso a Don Esteban su proyecto de trasladar la reducción a otro paraje más lejano del fuerte y donde hubiese mejores y más abundantes pastos para el ganado. Situado sobre el mismo río Salado y a unas diez leguas al sud oeste de Valbuena se encontraba el fuerte de Miraflores, junto al cual convinieron el P. Machoni y el Sr. Gobernador refundar la reducción y al efecto dispuso que la tropa que allí se encontraba abandonara esa posición y pasara a reforzar la de Valbuena. La posición era buena; abundaba el pasto, los bosques proporcionaban madera de buena calidad, había piedra para edificar y para hacer cal. Todo satisfizo al misionero y solo pensó en trasladarse cuanto antes, con los suyos.
El sargento D Antonio de Urizar y parte de los militares del fuerte de Miraflores, quienes aún no habían partido a su nuevo destino, ayudaron a que los PP. Machoni y Yegros en disponer el terreno de la futura reducción, levantando murallas, techando casas y haciendo palizadas. Concluido lo más perentorio y de primera necesidad pasaron a Valbuena el mencionado sargento y el P. Machoni y dispusieron el traslado de todo el pueblo.
Realizose todo tan prontamente que el 10 de agosto de 1714 estaban ya los Lules ubicados en el nuevo paraje, el cual era “uno de los mejores y de más exquisitas conveniencias que tiene la Provincia de Tucumán, con 10 leguas, casi a todos vientos de pastos y engorde admirable, muchas y buenas aguadas; tierras de pan llevar y excelentes para todas sementeras de maíz y legumbres; y nada menos para algodón y tabaco y lo que es más, agregaba el P. Andreu, de quien son estas líneas, abunda de todas especies de las mejores maderas para edificios, tablazón y carretas, ni carece de yeso y cal de cuya piedra es la misma loma en que está la Reducción”.
A la nueva reducción diósele el título de San Esteban de Miraflores, en reconocimiento al citado Gobernador y con este nombre se le conoció desde 1714 hasta su segundo traslado en 1728, dejándose de llamar San Antonio, como la había bautizado Urizar en honor del P. Machoni.
Uno de los misioneros, de la reducción el P. Yegros, se enfermo y debió retirarse a Córdoba, supliéndole el P. Antonio Montijo, quien también a los pocos meses de su arribo, cayó gravemente enfermo y también debió ser trasladado. Sin embargo es el P. Antonio Montijo quien había hecho a la reducción de Miraflores un servicio muy importante, haciendo llevar allá muy buena agua, de que antes carecían en tiempo de sequía, construyendo para ello un hermoso acueducto, cuyo plan había sido juzgado por impracticable y cuya ejecución fue lo que acabó de arruinar su salud.
El padre Montijo se alejó de Miraflores y en su lugar vino a ayudar a Machoni el joven misionero P. Lorenzo Fraulo, hasta su destrucción en 1728.
En julio de 1719 fue nombrado vice Provincial de la Provincia del Paraguay el P. José Aguirre, quien determinó escoger por su secretario al P. Machoni y al efecto lo llamó a Córdoba. Fue a reemplazarle el P. Yegros que había vuelto ya a recobrar sus fuerzas y se sentía con la suficiente para continuar, sin desfallecer, la obra que en compañía del P. Machoni había él mismo comenzado. Desde esa fecha hasta el año 1728 fue el P. Joaquín Yegros el alma y la vida de la reducción de los Lules.
Fue a los principios de su gobierno creemos que en 1721, que la viruela hizo estragos entre sus neófitos. De ella murieron más de doscientas personas.
Don Esteban de Urizar falleció en mayo de 1724, y con él perdió la misión de los Lules el mejor amigo y la más eficaz ayuda con que hasta entonces había contado.
Los salvajes del Chaco que estaban siempre sobre aviso espiando la oportunidad de lanzarse sobre las poblaciones de los españoles, pudieron reconocer muy pronto que no se les vigilaba como en tiempo de Urizar. La misión de los Lules, que era el centro más accidental y más próxima a las puertas del siempre temible Chaco, fue la primera en sufrir las consecuencias del relajamiento en la defensa militar.
Atacaron los bárbaros en un mismo día el fuerte de Valbuena y la reducción de Miraflores. Aquél rechazó a los amotinados; esta sucumbió bajo la irrupción. Los Lules huyeron a los bosques y por mera casualidad salvó su vida el P. Yegros. Después del suceso que duró poco tiempo, encontrase solo en medio de las ruinas de su tan querida reducción y de los cadáveres de los que había sucumbido en la defensa de sus hogares. Según parece fue esta irrupción una verdadera sorpresa. Sus efectos fueron terribles para los Lules.
Tercer y cuarto traslado de la Reducción de los Lules (1728-1737)
Lo primero que pensó el misionero fue en congrega a los dispersos. Así lo hizo, pero pronto advirtió que el número había disminuido grandemente. Con el corazón lacerado, pero puesta su confianza en Dios, resolvió fundar nuevamente la reducción, aunque en otro paraje más seguro. Volvió a Valbuena y cerca del fuerte que allí había denominado Rosario comenzó a ubicar sus neófitos, pero apenas había dado comienzos a la obra cuando, por insinuación del P. provincial quien en esto se había informado del P. Machoni, decidió abandonar aquel puesto y acampar en el valle de Chucha, distante como 35 leguas de la actual ciudad de Tucumán.
Tampoco aquí pudieron los Lules considerarse seguros. Los bárbaros del Chaco iban de día en día acercándose más y más a los centros europeos del occidente y era necesario estacionarse muy cerca de las ciudades defendidas para verse libres de sorpresas e irrupciones. En Chucha fueron hostilizados en repetidas ocasiones de suerte que el buen P. Yegros vióse en la dura necesidad de trasportar su grey a las cercanías de la ciudad de Tucumán.
Oigamos e relato que de este hecho hace el padre Andreu. “Después de consignar como en 1728 los enemigos destruyeron la Reducción, escapando con la vida, casi de milagro, el Padre Yegros asevera que los Lules se refugiaron en sus antiguos escondrijos de los bosques. La Reducción de este gentío nunca se tuvo por totalmente extinguida; porque el Padre Yegros se acogió de retirada de Miraflores en el Rosario, estancia de Don Joseph Grande que allí vivía con su familia, 15 leguas distantes de la Reducción y 35 de la ciudad de Tucumán y con él fueron algunas familias de Indios. Pero como aquel mismo año que se despobló Miraflores los indios enemigos se llevaron de carrera todas las Estancias de la Frontera y quedaron despobladas aquellas 50 leguas que hay de Miraflores a la ciudad de Tucumán, don Joseph Grande se retiró con su familia a su Estancia de Chucha al pie de la Serranía de Choromoro y allí lo acompañó el padre Joaquín y sus Lules; pero presto lo echaron de aquel lugar los enemigos y hubo de recogerse al Colegio de Tucumán, donde lo acogió con mucha caridad el Padre Lucas Zabala, su Rector y dio lugar a los Indios en la Estancia del mismo nombre de los Lules, propia del Colegio y en ella los mantuvo dándoles algunas reses cada semana; y aunque en aquellos primeros años fueron pocas las familias, señaló el Padre Provincial por compañero del Padre Yegros al Padre Buenaventura Castell y cuando éste estuvo impuesto en la lengua y en el gobierno de los Indios, señaló el Provincial al Padre Joaquín de Yegros para Vicerrector del colegio de Santiago.
Quinto traslado de la Reducción a Tucumán (1737-1742)
En 1613 Don Francisco de Salcedo, tesorero de la Catedral de Santiago del Estero y después Canónigo en la Iglesia Arzobispal de la Plata, fue quien en 1585 había ido a Brasil en busca de Religiosos de la Compañía de Jesús, comisionado a este fin por Monseñor Victoria. Su afecto a los Jesuitas era manifiesto y su generosidad sin igual.
Viendo que la educación en todos los Colegios y Escuelas de los Jesuitas era enteramente gratuita y que a este fin se requería una suficiente dotación o fundación, ofreció Salcedo en 17 de mayo de 1613 dotar y fundar el nuevo Colegio, abierto cuatro años antes en la ciudad de Tucumán.
A este efecto entrego “una estancia mía propia que tengo en los términos de la dicha ciudad que ha por nombre San Pedro Martyr, con todos los ganados mayores y menores y yeguas de vaquería que en ella hubiere que serían mil y quinientas cabezas de vacas y tres mil quinientas ovejas, más o menos con todas las alhajas y pertrechos de la dicha estancia, además de la Iglesia y altar de la, casa de curtiduría de suelas… y unas casas y tiendas en la dicha ciudad en la plaza de ella…”
La estancia que Salcedo donó en esta ocasión a los Jesuitas estaba en los términos de S. Miguel de Tucumán llamada San Pedro Martyr, “que tiene dos leguas de ancho y dos de largo, desde el río Seco hasta el río de Guaycombo y más otra legua desde el mismo río hasta el río de Tucumán…” Tal fue la donación de 1613, a la que agregó Salcedo en 1619 una merced que en 1612 le había hecho el gobernador Quiñones y Osorio de unas tierras que se hallaban al norte y colindante con su estancia de San Pedro Martyr.( Ref documentos de la Junta Conservadora del Archivo Histórico de Tucumán serie I Vol I Documentos Coloniales Introducción y comentarios de Manuel Lizondo Borda Tucumán 1936. III 46).
Como se colige de estos datos, los terrenos donados por Salcedo se extendían desde el Río Seco hasta el Río Guaycombo, llamado al presente Río Valderrama y desde este hasta el río Tucumán, que no es otro que el río que después se denomina Colorado. Era pues la estancia de Salcedo una franja a lo largo del Río Salí, entre los ríos Seco y Colorado, comprendiendo así toda la zona oriental del actual departamento de Monteros.
En el extremo noroeste de esta Estancia de Salcedo en la región denominada aún hoy día la Reducción , estuvo por algún tiempo la Reducción de los Lules.
Francisco de Salcedo había hecho la donación en 17 de marzo de 1613, pero los Jesuitas no entraron en posesión de las tierras de S. Pedro Mártir hasta el 18 de abril de 1619.
En 1737 le ofrece el Padre Lucas Zabala, a los fugitivos indios Lules de la arruinada Reducción de Miraflores, una zona de la Estancia del Colegio, zona que estaba a 4 o 5 leguas de la ciudad y sobre el Río Colorado. Allí estuvo la Reducción desde 1737 hasta 1742 (cinco años),bajo la dirección del padre Castell o Castillo como también se le llamaba, un santo misionero y un abnegado apóstol, a quienes los Lules llegaron a reverenciar como a un santo y por tal le tenían. Cuando en 1737 fue nombrado el P. Castell para suceder en el oficio de cura al P. Yegros, se le señaló por ayudante aun joven y robusto misionero el P. Pedro Juan Andreu.
Hablando de la época que estuvo la Reducción en la estancia del colegio escribe el padre Pedro Juan Andreu: “son dignas de no olvidarse algunos casos de edificación que acontecieron en aquel tiempo. Uno fue que, noticioso el padre Yegros de que había en el Palomar, estancia de don Alonso de Alfaro, 15 leguas distantes al Oriente de la ciudad de Tucumán, varias familias de Indios Lules, envía su compañero, el Padre Buenaventura Castell, para que solicitase su venida a la Reducción. Tenía un indio infiel llamado Camal un hijo párvulo de cosa de 6 años, enfermo de peligro. Este dijo a su padre que quería ser cristiano y que él había visto un Padre que venía y le había dicho que él lo bautizarías, y lo haría hijo de Dios para que fuese al cielo. Al día siguiente llegó al Palomar el Padre Ventura, de cuya ida ninguno de allá tenía noticias. Fue luego Camal a verlo, admirado del aviso anticipado de su hijo y le rogó que fuese a ver a su enfermo. Luego que lo vió el muchacho, lleno de alborozo, dijo “Este es el Padre que vi anoche, ése me ha de hacer hijo de Dios” El padre Buenaventura lo instruyó brevemente y bautizó. No paró aquí aquel prodigio; luego de bautizado hizo una cruz con los dedos índices y de rato en rato la besaba, muriendo poco después de esta postura. Su padre con ser indio forzudo no pudo apartar una mano de la otra, ni deshacer aquella cruz que hizo con los dedos y así lo enterró el padre Ventura. Lo más admirable es que antes de morir persuadió a su padre que fuese a la Reducción, para ser cristiano, porque no había otro camino para ir al cielo. Hizo tanta impresión en el indio este aviso que, aunque no pensaba ir entonces con el padre Ventura, no pudo resistir a las continuas aldabadas que le daba en el corazón su hijo y no tuvo descanso hasta que resolvió a ir como en efecto fue a la Reducción, con su familia, mujer y cuatro hijos y no tuvo gusto hasta lograr el bautismo, que se le dio después de bien experimentada su constancia y fue uno de los mejores y más hábiles cristianos que ha tenido la Reducción mientras estuvo sobre el Colorado, como después en Miraflores, donde lo era en tiempo del arresto o sea en 1767”
“Llevó el padre Ventura en esa ocasión bastantes familias, no sólo de los Lules que habían pertenecido a la arruinada Reducción de Miraflores, pero aún de los Conditos. Así llamaban aun parcialidad de Lules, que estaban en un paraje llamado Condo, distante sólo doce leguas de Miraflores, que nunca quisieron ir a la Reducción…”
En 1740 llega a la Reducción para ayudar al Padre Andreu, el padre Pedro Artigas, quien quedaba a cargo de la Reducción de Lules en repetidas ocasiones y durante largos períodos de tiempo, mientras el padre Andreu hacía atrevidas incursiones apostólicas hacia el corazón del terrible Chaco en busca de infieles.
Escribe el padre Andreu “Yo me encargué de esa nación el año 37 y el de cuarenta en que llegó a la Reducción el P. Artigas, ya había sacado de los bosques sesenta familias. Estas pocas almas fueron las primicias del apostolado del P. Pedro y el cuidado de su instrucción le llevaba sus primeros pensamientos… comenzó luego, después a dar providencia en las cosas temporales. Entabló sementeras de trigo; sacó una toma del río y plantó molino; dispuso curtiduría, telares de lienzo y carpintería muy abundante por la comodidad que ofrecen, los montes del Tucumán. Todo esto se hacía, cuidando de todo el padre Pedro y animando a los indios con su ejemplo…”.
Sexto traslado de la Reducción a Jalla (1742). Séptimo traslado al rio contentillo y octavo traslado ala estancia el conventillo (1744)
Estaba tan amenazada de los Indios enemigos la Ciudad de Tucumán y sus cercanías que el día 3 de mayo noche de la Santa cruz del año de 1740, mataron catorce personas y llevaron algunos cautivos de la gente del Colegio en la estancia de los Lules, en que, en distancia de una legua del lugar donde se hicieron las muertes, estaba la Reducción. Estaban los indios con mil sustos, porque de noche se veían bomberos o espías, y temían los Padres otro asalto como el de Miraflores. Dispuso Dios que muriese D. Pedro Bazán, sin sucesión legítimo y sabiendo la necesidad en que estaba la Reducción de los Lules dejó a la Compañía la estancia de Jalla con cuatro leguas de tierras excelentes para todas sementeras y de mucha madera para que en ella se pusiese la Reducción y para la subsistencia de los Indios dio a la misma Compañía el Potrero de Aconquija con 10 leguas de tierra y todo el ganado que en él tenía. Hizo esta donación el año de 1742, en que murió y como su enfermedad fue larga, quiso que en vida se mudase la Reducción y tomase posesión del potrero como todo se ejecutó y con eso se apartaron quince leguas al sur del peligro en que estaban.
“Quédeme en el Río (Colorado) con alguna gente, escribe el P. Andreu, y el P. Artigas fue a trabajar al lugar con los demás indios y en menos de seis meses tenía ya Capilla, casa para los misioneros e Indios, corrales para los ganados y copiosas sementeras de maíz y trigo para el abasto de todo el pueblo”. Sin embargo toda esta labor del fervoroso misionero resultó inútil.
“El paraje parecía excelente, pero como todas aquellas tierras manan agua, así que cargaron las lluvias se hizo todo un barrial intolerable; y como por entonces muriese un indio, al abrir la sepultura, a los dos palmos se dio con agua, de modo que en ellas se zambulló el cadáver. Este hecho dio tanto horror a los indios, que quisieron volverse al primer lugar de los Lules donde estaban antes. El Padre Andreu, para sosegarles recorrió la estancia con el corregidor y alcaldes para que escogiesen lugar que mejor le pareciese. A la orilla del río del Conventillo en tierra pedregosa y arenisca, se puso la Reducción dos leguas más afuera del primer sitio.
“Aquí trabajó otra vez el P. Artigas una nueva Iglesia y casa y puso todas las oficinas que en el primer pueblo. Pero ni aún allí pudo subsistir, porque las aguas eran tan por extremo flemosas que en sólo dos años se lleno toda la gente de cotos o paperas monstruosas, que hasta los niños nacían con ellos y a algunos los ahogó luego que nacían, sin dar lugar al bautismo. Con esto fue necesario hacer tercera mudanza, en 1744 y para ella compraron los padres la estancia del Conventillo en 350 pesos, que tocó por parte de gananciales a doña Teresa Arias, viuda de don Pedro Bazán, y en su propia casa vivieron y pusieron contigua la Reducción y allí estuvo hasta que se mudó la gente a Miraflores”. “Por tercera vez emprendió el P Pedro la construcción de un nuevo pueblo. Edificó 107 casas que tantas eran ya las familias de los indios, bastantemente capaces y espaciosas que formaban una plaza de quinientos en cuadro y levantó después una iglesia de ladrillo y teja sirviendo en todas estas fábricas de peón y de arquitecto”.
Se puso en el Conventillo y antes en Jalla, carpintería y curtiduría en forma y en estas oficinas trabajaban los indios, con algunos oficiales conchabados con que hacían carretas, curtían suelas, se hacía jabón, se blanqueaba cera que los mismos indios traían y se les pagaba con ropa, cuñas o cuchillos o lo que pedían, aún mejor que pagaban los españoles y a los necesitados se daba de vestir aunque no trajesen cera, mayormente a los que trabajaban en las oficinas. Se procuró majada grande de ovejas. Los indios las trasquilaban, se les repartía la lana que hilaban y tenían mantas para sí y ponchos para sus maridos.
Con ocasión de visitar el Padre Andreu el Potrero de Aconquija que es un gran valle en lo alto de aquel cerro siempre nevada la cumbre, que es sin duda uno de los más altos de América y dista 15 leguas del Conventillo, iba a decir Misa al fuerte de Andalgalá 12 leguas distante a la otra parte occidental del cerro. No se puede ponderar el desamparo espiritual en que vivía aquella pobre gente.
Estando haciendo misión en Andalgalá, el general Don Luís Días, quién había comprado la estancia de Santa Rita de Guazán, invitó al padre Andreu a su casa y allí le dijo “ Díceme D Vicente Cholbi que V. R. quiere comprar una suerte de tierras ¿Qué ha de comprar? Yo le daré la mitad de esta Estancia con todas las sobras del agua, en que podrá poner una hacienda que le valdrá más que cuanto ha dado D. Pedro Bazán”. El padre Andreu le dio las gracias y saliéndose del cuarto, acabada la mesa, luego que volvió a entrar, le dijo Cholbi: “ya escribimos la donación”. Advirtió el padre Andreu que se diese la donación a la compañía no a la Reducción determinada, sino para gastos de las misiones de infieles y así admitió la donación en nombre de la Compañías. Supuesta la aprobación y ratificación del padre Provincial y al fin del instrumento añadió don Luís Díaz la cláusula de que: si in totum se extinguiese la conversión de infieles (condición imposible subsistiendo la Compañía) pasase el derecho a la Residencia de Catamarca. Era lo que dio don Luís la mitad del pueblo de Guazán, que era media legua de ancho y una de largo; con todas las sobras de agua.
En esas tierras se fundó una estancia con casa, capilla y ranchería y se puso un algodonal, higueral y viña grande con todos los aperos necesarios que ya en el año de 1750 daba mil arrobas de vino y cuando en 1767 salió la Compañía, valía mas de 4 mil pesos de renta ultra todo el vino necesario y pasas de higo y uva que se daba a las Reducciones nuevas del lado de Tucumán; y esa finca estaba destinada para Misiones de infieles y fundar nuevas Reducciones. Esa se había cultivado con Indios Lules hasta el año de 1763 en que se recogieron en Miraflores esas familias, que no eran más de seis y en su lugar se pusieron otras de negros. La donación de esas tierras y agua se hizo el día 8 de octubre de 1741, pero después se enmendó la dato en 1745, porque advirtió don Luís que su escritura de compra no estaba hacha todavía, cuando hizo la donación.
Noveno traslado de la Reducción a Miraflores (1752 – 1767)
Desde el año 1750 empezaron a alborotarse los Lules del Conventillo y  viendo que la frontera estaba en paz y que las Estancias volvían a poblarse a toda prisa y que el tiempo de poder volver a Miraflores se acercaba, se adelantaron muchas familias y se entretenían meleando por aquellas cercanías. Otros indios que estaban bien hallados entre los españoles sentían perder lo mucho que tenían trabajando en el Conventillo un patio con muchos aposentos para los Padres, cocina, galpones y todas oficinas con una famosa Iglesia que se estaba concluyendo y todos tenían sus casas, bastantemente buenas. El Padre Pedro Artigas sentía, no tanto perder todo eso, cuanto el fruto que se hacía en todo aquel partido que de muchas leguas alrededor acudía para doctrina y sacramentos a la Reducción y deseaba que se conservase aquel paraje con 60 familias que estaban allí gustosas y que los dispersos se juntasen en Miraflores, pues juzgaba que produciría más fruto par el cielo aquella Reducción dividida, que junta en un lugar.
“El padre Andreu que juzgaba no ser conveniente dividir una nación corta en dos reducciones que el Provincial siempre alcanzado de sujetos para las muchas necesidades de la Provincia no querría darlos para esa división; que entre los Españoles era imposible sujetar como convenía a los indios, y que el atender a la mayor conveniencia de la Reducción era obligación suya, a que debía ceder aquel fruto que se hacía con los españoles, que no era de su primera inspección, trató de mudar su reducción a su primer sitio de Miraflores”.
“Después de Cuaresma del año 1752, fue el Padre Andreu a ver la nueva Reducción S Juan Bautista y registrar de paso el sitio de Miraflores. Halló 5 familias de Lules, que lo estaban esperando en la estancia El Rosario que hasta entonces estaba despoblada; y con esos dio principio a aquel pueblo, no en el propio lugar donde estuvo antes, sino en una loma alta donde estaba intacto el cárcamo del molino; porque allí había un cerco de palos parados con casa de paja y cañas y el intento fue trabajar desde allí en remendar las paredes de la casa y capilla de la antigua Reducción que no distaba más que media milla de aquel lugar. Pero como una vez puestos anaquel alto, donde en breve se juntaron más de 40 familias pareció ser el sitio de mejor aire, que el llano donde estuvo la Reducción, allí se fabricó el pueblo aunque en terreno desigual, con un buen patio y muchos aposentos para los Padres; su segundo patio para las oficinas; Iglesia y torre famosa de ladrillo y las casas de los indios de adobe y teja y todo bajo de muralla con sus 4 puertas grandes para pasar carretas, que de noche se cerraban con llave; y allí se junto también la indiada Omagua que no pasaba de 30 familias, pero las que estaban en el Conventillo hasta el año 1754 no se agregaron a Miraflores y las 6 o 7 familias que estaban en Guazán no se llevaron a su Reducción hasta el año de 1763 en que se compraron negros para el cultivo de aquella estancia.
Mucho se mejoró con la mudanza esa Reducción de San Esteban. Pudiendo ponerse en sujeción los indios, lo que ante españoles era imposible.
Trasladada la Reducción de Lules a Miraflores en 1752 y ubicada definitivamente sobre la ribera izquierda del Río Salado llamado en esa zona Río del Pasaje y sobre la falta oriental del cerro de Miraflores, distante 36 leguas al sudeste de la ciudad de Salta, comenzó la postrera y tal vez la más gloriosa etapa de la historia.
Mucho contribuyó al esplendor religioso y aún a la prosperidad cultural de la reducción el P. Jun Fecha que arribó a ella en 1756. Era buen músico y sabía con perfección tocar varios instrumentos y aún el fabricarlos. Abrió este padre una escuela de música y canto y en breve tenía ya aventajados alumnos y tenía a todo el pueblo más deseoso que nunca de instruirse y lo que vale más, de cumplir con sus obligaciones cristianas.
No se debieron solamente al P. Pedro Artigas los rápidos y aventajados progresos, que en la Religión y Policía hicieron los Lules, escribía en 1760 el P. Andreu, sino también el que se fundase la Reducción de los Indios Isistines. Vivía esta nación emparentada con los Lules y usaba la misma lengua que ellos y aunque su gentío no era mucho, pues no pasaban de 650 almas; pero eran estas de tan buen índole, de un natural tan dócil y de unas costumbres tan inocentes, que prometían mayor número de predestinados que otras naciones más numerosas.
El Padre Pedro Artigas falleció en la Reducción de Lules el 9 de agosto de 1758 a los cuarenta y ocho años de edad, asistiendo a los apestados de viruela, hasta sucumbir el mismo al terrible mal.
En Junio de 1767, a una con los Padres del Colegio de Tucumán, fueron apresados los mencionados misioneros de Lules e Isistines y llevados a Buenos Aires para desterrarlos.
Inventario de la Reducción Lules en 1767
El inventario del pueblo de Lules, de Miraflores, se hizo el día 23 de agosto de 1767, firmándolo el cura saliente, padre José Ferragut y el cura que debía sucederle, Fray Antonio Navarro y siendo testigos D. Antonio Cornejo, D. José de Molina y el Cacique principal D. Antonio Canal.( Ref. F. J. Bravo, Inventarios pp 445-450) En la Iglesia se halló un retablo grande dorado con seis nichos con sus imágenes, además de dos retablos colaterales con sus respectivas imágenes, dos confesionarios pintados al óleo y dorados, en el coro un órgano, al que le faltaban seis o siete flautas, dos violines grandes, seis violines y una arpa. En los almacenes de la Reducción había entre otras cosas, veinte y cinco arrobas de tabaco y veinte y dos libras en bruto….El molino del pueblo estaba en perfectas condiciones como también la almona que tenía tres fondos calzados y dos sin calzar, la curtiduría con sus pozos y la carpintería con sus herramientas abundantes. La biblioteca tenía más de 130 tomos…Contaba el pueblo con más de doce mil cabezas de ganado vacuno, trescientos bueyes, ochocientas ovejas, seiscientas yeguas con sus padrillos correspondientes, trescientos caballos, unas cien mulas y doscientas burras.
La Reducción de los Lules, lo propio que la de los Indios Isistines y Toquistines pasaron a depender de otros Religiosos. No cabe dudar del celo y abnegación con que los sucesores de los jesuitas abrazaron aquella nueva incumbencia, pero es indudable que la falta de experiencia y el desconocimiento del idioma de los indígenas les impidió continuar la obra evangelizadora iniciada por los jesuitas y tan celosamente continuada por ellos.
Cierto es que los Jesuitas del Tucumán contaron con no pocas Estancias y Potreros, pero las utilidades apenas cubrían los ingentes gatos que requerían sus Misiones, sus colegios y demás ministerios.
El gobernador Campero, en mayo de 1769, afirmaba que los Jesuitas del Tucumán poseían las Estancias de Taxicito, de San Javier, de San Pablo del Río Colorado, de San Jenaro, de Cachiyacu, la de Vipos y la de Tafí, pero dejó de manifestar que con los recursos de las mismas daban continuadas tandas de Ejercicios Espirituales, enteramente gratuitos; daban misiones aun en los pueblos y villas más distantes, sostenían el Colegio y la Escuela, instituciones a las que gratuitamente asistía toda la juventud y niñez tucumana, sostenían total o parcialmente las varias Reducciones de Lules e Isistines  y aportaban las sumas correspondientes para el sostenimiento de los jóvenes jesuitas que en Córdoba hacían el noviciado o cursaban sus estudios.
Capilla y casa de Lules
La actual capilla y casa de Lules que existe aún en las proximidades de Tucumán, al norte del río Lules y sobre la carretera que une a la capital Tucumana con la ciudad de Famaillá, nada tiene que ver con la Reducción de Lules. La Capilla y demás ruinas subsistentes en el lugar indicado pertenecieron otrora a la Estancia llama de los Lules, pero no a la Reducción de los Lules, aunque esta, como hemos ya anotado, estuvo también ubicada dentro de los terrenos de dicha estancia y hubo sin duda, no escasas relaciones entre los Jesuitas de la Reducción y los que moraban en la Estancia.
Consignaremos aquí algunas líneas tomadas de los inventarios de la Estancia de los Lules, inventarios suscritos a 13 de agosto de 1767. Según ellos: “El casco de la estancia de los Lules tiene de largo como cinco leguas, en el cual tiene el Caserío con Capilla, sacristía, cuatro aposentos, refectorio, despensa y otras oficinas, todo de cal y ladrillo”
Un documento de 1780 hace constar que la Estancia estaba a cinco leguas de S. Miguel y las primeras tierras a cuatro; que dicha Estancia tenía tres leguas de tierra fertilísima de largo y tres de ancho con tres ríos que beben los ganados y bañan mucha tierra para sementera temprana…; tiene 6000 cabezas de ganado.
Tenía además, un molino con dos jacarandás corrientes y una piedra descripto; una curtiduría con sus noques de cal y piedra techado con madrea y teja y en dicha curtiduría treinta cueros para suelas. Tenía la Estancia un retacillo de cañaveral y un trapiche para moler la caña…
En aquella Estancia había además según consta de los Inventarios mencionados, una almona que producía abundante jabón, la mayor parte del cual era exportado a Potosí; había una lomillería en la que se trabajaban lomillos, asientos y espaldares para las sillas o taburetes; había una herrería donde se hacían frenos y espuelas y otros muchos objetos; había finalmente, una carpintería de carretas y carretones, sillas, cajas, con su aserradero de tablas…
Los terrenos de la Estancia de Lules fueron rematados en 1774 y fue Francisco Márquez quien compró por setenta y cinco pesos la mayor y mejor fracción, fracción que iba “desde el cervil labrado que se señaló por mojón, sobre el carril que va a buscar el paso de debajo de los Lules, el que va a Famaillá, hasta la sierra, que tiene más de media legua y desde el mojón que se puso al cuarto de legua desde los Lules para el Este, un cuarto de legua, hasta el sauzal. Otras porciones fueron adquiridas por María Aráoz, Juan Rodríguez, Alejandro Ríos, José Ferreira Carnero, Norberto Orellana, Juan López Ríos, José A Deheza y Juan José Cevallos.
Como la pequeña zona que rodeaba la Capilla y la casa de Lules no tuviera comprador, por estar esos bienes afectados por un gravamen constituido en misas, misiones y escuelas, solicitaron los Padres Dominicos su posesión en 3 de marzo de 1775…pero tomaron posesión de la misma recién el 7 de diciembre de 1781.
Otras reducciones fundadas por los Jesuitas
REDUCCIÓN DE LOS ISISTINÉS (1751)
El gobernador había mandado abrir un camino del río del valle a los Pitos, que no distaba más de 20 leguas y por el rodeo de Valbuena casi 30, y por este camino nuevo fue con el tercio de Salta y Catamarca los Pitos. Aquí salía una senda que desde el río Grande habían abierto los Indios y para atajar ese paso quiso el gobernador hacer construir allí un Fuerte con una Capilla para poner allí 15 soldados con un cabo; mandó que la mismo tiempo se fabricase la Capilla y Reducción de los Isistines, tres leguas río arriba…El Gobernador dio título por influjo del Padre Andreu de fundador de la nueva Reducción quiso se llamase S Juan Bautista, nombre del gobernador…Acabada la obra de aquel pueblo entraron los Indios que eran cosa de 40 familias a vivir en él con sus Doctrineros que fueron el Padre Ripio y el Padre Ferragut…Esta Reducción hizo en dos años dos mudanzas. Viendo los Padres que si los enemigos la asaltaban, siendo todo de materia menos dispuesta podría ser quemada antes que socorrida de los soldados; se mudaron al lado del mismo Fuerte de San Luís y allí salieron más de 60 familias de Isistines, sobre las 40 con que se empezó. Allí hicieron una buena sementera: pero aquellas tierras de los Pitos blanquiscas, sueltas y muy secas, daban pocas esperanzas de fruto, no sendo el año muy lluvioso; y antes de trabajar las reducción quisieron los Padres ponerla donde mejor subsistir. El Padre Andreu a cuyo cuidado estaba esa y las demás Reducciones que en aquel lado se fundase, dio parte al Padre Provincial y pidió del Gobernador el fuerte y tierras de Valbuena que eran mucho peores que las de Pitos y en el Fuerte tenían buena Iglesia y casa razonable y seguridad para recogerse toda la gente en caso de algún rebato. Todo lo concedió y dio merced de esas tierras de los Isistines en nombre del Rey y el Sr. Gobernador y en aquel lugar se puso el año 1753 aquella Reducción de S. Juan Bautista; y en ella se recogieron todas las familias de esa nación sin que faltase una, que no pasaba de 140 familias, pero tenía más número de almas de lo que tuvo Miraflores después que allí se recogieron todos los Lules, que estaban en el Conventillo y los que estaban dispersos en las Meleadas y jurisdicción de Tucumán. Estos 175 familias no pasaban de 700 almas y aquellos legaban a 800 siendo los Isistines, aunque infieles de genio mucho más inocente, más dócil y sujeto y más trabajadores que los Lules, y así esa Reducción pudo desde luego subsistir por sí, pues se aplicaban desde luego a trabajar los Indios, hacían cementeras muy copiosas, guardaban el ganado aprendieron todos los oficios: hacían carretas, jabón, suelas y trajeron los indios en los dos primeros años más de 6 mil libras de cera.
REDUCCIÓN DE LOS MATAGUAYOS (1759)
En el año 1759 volvieron a salir los Mataguayos pidiendo Reducción, pero escarmentado el Sr. Gobernador Tineo de la inconstancia de esos indios, aquel no quiso absolutamente desecharlos… pidió un misionero que estuviese con ellos y les fue señalado el Padre Pedro Juan Reus. Después de varios traslados y por distintos motivos…finalmente se los puso en el Piquetillo sobre el río del Valle, 8 leguas arriba de S. Fernando, en que había las conveniencias que los indios deseaban. Esta Reducción se tituló Jesús, María y José; pero porque en aquel lugar estaban descontento el Padre Reus, se le dio otro destino y quedó de superior el Padre Román Arto que era su compañero y pasó a sustituirle el Padre Francisco Ugalde… antes de los 8 meses, el día 6 de octubre del mismo año 1756 en que fue la mudanza, se sublevaron los indios y pegaron fuego a la Capilla, casa de los Padres y Soldados de los cuales sólo uno escapó con vida, mataron al Padre Ugalde y el Padre Román salió gravemente herido. Este fin tuvo esa trabajosa  Reducción no tan estéril que no diese algunos párvulos recién bautizados para el cielo…
REDUCCIÓN DE LOS TOBAS (1756)
Mejor cuenta de su proceder y constancia dieron los Tobas. Cuatro años que estuvieron constantes en pedir Reducción y una vez que la consiguieron, estuvieron firmes en ella hasta la salida de los jesuitas. Finalmente el año de 1756 fue el Padre Andreu y el Padre Artigas a Ledesma, donde se halló también el teniente de gobernador de Jujuy D. Francisco de Acevedo y el día 29 de mayo de ese año hicieron la fundación que en nombre de su gobernador y del Rey les entregó el teniente Acevedo ….Esta Reducción se intituló San Ignacio. Se hizo merced a los indios de las tierras de Ledesma, que eran muchas y buenas para sementeras de todo grano y para ganados; tenía muchas y buenas maderas de todas especies, naranjos en los montes vecinos y abundancia de pescado en los ríos…
OTRAS REDUCCIONES
Por lo que toca a los indios chaqueños, debemos recordar que fue durante el provincialato del P. Andreu que los Padres José Jolís y Roque Gorostiza emprendieron aquella gloriosísima expedición al corazón mismo del Chaco, solos, sin otra defensa que sus crucifijos y fiados tan sólo en la providencia divina y en su inmensa bondad. Del centro del Chaco salió por fin el santo Padre Gorostiza trayendo a su alrededor un enjambres de indios Chunupúes, Passaines, Ocoles, Vacoas, Vilelas y Atalalas. Nuestra historia no registra un hecho histórico de relieve tan portentoso como esta misión de Gorostiza.
Aquel hombre singular y su digno socio y cooperador Jolís, sacaron de las selvas tantos infieles que fue preciso fundar tres poblaciones para contenerlos. A Gorostiza se debió la fundación en 1762 de la Reducción de Nuestra Señora de la Paz junto a Baltoleme, Nuestra Señora del Pilar, junto a Macapilllo y Nuestra Señora del Bueno Consejo, entre Miraflores y Valbuena, todos tres a orillas del Salado. Sobre el Río Dorado fundó el P. Jolís la Reducción de los Tobas y Mataguayos.
…El P. Borrego estuvo primero en la reducción de San José de Petacas, formado por indios Vilelas e indios chunupíes que los Padres Gorostiza y Jolís habían saco del impenetrable y peligroso Chaco. Pero esos indios no se avinieron a vivir juntos y fue necesario separarlos. Quedaron los Vilelas en San José y con los revoltosos e inquietos chunupíes fundó el Padre  Borrego la reducción de la Virgen de la Paz.. Pocos meses duró este pueblo…

Nota: Todo lo aquí presentado es un Resumen del libro escrito por Guillermo Furlong S. J. , “Entre los Lules de Tucumán”. Ed. Por Talleres Gráficos “San Pablo” Buenos Aires 1941.

El texto elegido corresponde a la investigación más científica que hemos encontrado sobre el tema, ya que el autor escribe su libro teniendo como fuente, los escritos de los mismos Jesuitas y otros autores que estuvieron al lado de los Lules desde el siglo XVI hasta la expulsión de la Compañía de Jesús en el 1767. El autor transcribe en muchas partes de su libro, los escritos originales de los Jesuitas.

El Resumen respeta textualmente lo que Furlong escribe, pero dando una continuidad cronológica, ya que el autor en muchos momentos salta la cronología, para desarrollar la historia de algunos Jesuitas.  

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