El imperio Inka en la provincia de Catamarca: Introducción

El Tawantinsuyu —la tierra de los cuatro cuadrantes de los inkas— fue el sistema político más grande y en cierta medida más complejo en América. Durante las primeras décadas de su imperio, los inkas fueron soberanos sobre más de doce millones de personas, controlando un territorio que se extendía por más de 400 km desde Ecuador hasta el centro de Chile. Asimismo construyeron una vasta burocracia y un sistema de impuestos, reasentando una parte de las poblaciones dominadas y dispersando una lengua —el quechua— entre la más amplia variedad de pueblos.
A pesar de carecer de un lenguaje escrito y de las dificultades del transporte en los Andes por sus características topográficas, los inkas lograron expandirse rápida y efectivamente.
En 1532 el imperio Inka fue el estado más grande de América. Con su centro político en el valle de Cusco, los inkas controlaron el área comprendida actualmente por Ecuador, Perú, Chile, Bolivia y noroeste de Argentina comenzando la expansión a fines del siglo XIV y comienzos del XV bajo el liderazgo del Inka Viracocha y su hijo Pachacuti Inka Yupanqui (Figura 1).
En este artículo se describen algunos principios organizativos del imperio y se analiza los aspectos de la política de colonización aplicada por los inkas en un sector del noroeste de Argentina.
Las recientes investigaciones sobre el desarrollo del estado inka en la región del Cusco pueden dividirse en tres grupos generales (Bauer 1992: 8).
1- Algunos investigadores siguen las interpretaciones tradicionales de la historia Inka presentada por las crónicas españolas (Niles 1987; Dwyer 1971; Kendall 1974, 1985; Rowe 1944, 1946, 1957 y 1970, entre otros). Para ellos el estado emerge como resultado de un conflicto específico con los chanca y el liderazgo único y carismático de Pachacuti Inca Yupanqui.
2- El segundo grupo sugiere que el desarrollo del estado se dio a través de la interacción de un amplio segmento de la sociedad inka. Su desarrollo a través del tiempo fue el resultado de transformaciones de las instituciones sociales, económicas y religiosas (Murra 1975; Rostworowsky de Diez Canseco 1978; Lumbreras 1978; Schaedel 1978; Isbell 1978; Conrad y Demarest 1984). En esta perspectiva la guerra contra los chanca puede ser vista como un componente, si no precipitante, de aquellos procesos que se desarrollaron posteriormente más que la causa directa de la formación del estado.
3- El tercer grupo de investigadores sugiere que las crónicas no deberían leerse como representaciones directas o literales del pasado. Las tradiciones orales registradas por los españoles en sus crónicas están distorsionadas por los autores hispanos y las nociones occidentales de historicidad (Zuidema 1964, 1977, 1983; Duviols 1979) y por las representaciones particulares de la historia inka presentadas por varios indígenas (Urton 1990).
El territorio nuclear de este amplio imperio estuvo notablemente circunscripto y la población, que podemos denominar “inka”, alcanzaba apenas un número de unos pocos miles. Tanto los sitios con arquitectura inka imperial como los más sofisticados trabajos de agricultura e irrigación se concentraron dentro de una distancia relativamente corta de la sagrada capital, el Cusco. Este territorio no se extendía más de 150 o 200 km alrededor del Cusco, en las cuencas de Huatanay, Vilcanota y Urubamba.
Las recientes investigaciones sobre la organización política inka han relativizado la idea de un alto control y de una sociedad estandarizada, reconociendo que el gobierno inka fue flexible en algunos casos, es decir que varió notablemente entre las regiones y que posiblemente la vida a nivel local no debió haber cambiado radicalmente en muchas áreas.
En una amplia perspectiva, el éxito inka estuvo basado en una administración construida sobre sistemas políticos ya existentes, ayudados por la fuerza militar y por una economía política centralizada. Los inkas consideraban que el poder era más efectivo cuando el uso de la fuerza no era necesario. Podemos decir en este sentido que los inkas no inventaron nada. El Tawantinsuyu fue una de las últimas etapas de una secuencia de estados indígenas andinos expansionistas anteriores, tales como Wari en las tierras altas peruanas, Tiawanaku en el altiplano boliviano, Moche en la costa norte peruana y los estados costeros de Sicán y Chimú. Todos ellos parecen haber empleado estrategias de organización que más tarde adoptaron los inkas. Por ejemplo, administrativamente, los inkas adoptaron la noción de una jerarquía decimal que tomaron de los chimú (Rowe 1948). Las unidades políticas de la costa norte utilizaron el sistema de corvea (mita) como el mecanismo principal de movilización del soporte estatal económico, al mismo tiempo que la especialización económica en la producción de bienes suntuarios estuvo directamente manejada por la nobleza (Moseley 1975; Topic 1982). El sistema de centros administrativos ligados por caminos, caracterizó a los estados de Chimú, Wari y Tiawanaku (Isbell y Schreiber 1978; Kolata 1986). Asimismo tanto Moche como Chi
mú y Tiawanaku manejaron proyectos de irrigación y la explotación de grandes extensiones de tierra para cultivo. Por otra parte los diseños de arquitectura imperial también parecen derivar de estilos más tempranos.
En suma, lo que diferencia al Tawantinsuyu de sus predecesores sería la escala de combinación, el grado de integración y la reorganización de los grupos dominados. Ningún estado precedente comprendió tanto territorio, población, diversidad de grupos étnicos, lenguas, o rango de formaciones políticas y económicas (D’Altroy 1992: 4).

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