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Pueblo Originario | December 18, 2017

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Casinos Indios en Estados Unidos que se quieren imitar

Casinos Indios en Estados Unidos que se quieren imitar

Hoy los pequot son dueños del casino más grande de Estados Unidos, con 1. 400 cuartos, un casino con seis mil máquinas tragamonedas, 350 mesas de juego, el salón de bingo más grande del mundo y un espacio de apuestas deportivas.

Sábado, 09 de Octubre de 2010 por Leo Zuckermann*
Casino Miccosukee en Miami (foto) Hoy los pequot son dueños del casino más grande de Estados Unidos. Foxwoods es un complejo que incluye una serie de torres con capacidad de 1. 400 cuartos, un centro comercial, salones de convención, restaurantes, campo de golf y, por supuesto, un casino con seis mil máquinas tragamonedas, 350 mesas de juego, el salón de bingo más grande del mundo y un espacio de apuestas deportivas. Se calcula que reciben más de 16 millones de visitantes al año. Emplean a más de 12 mil personas

¿Debe haber casinos legales en México? Yo creo que sí, por muchas razones. Sin embargo, hay una que nunca se ha mencionado: la posibilidad de hacer justicia. Si el Estado mexicano llegara a otorgar permisos de juego, podría dárselos a grupos económicamente desfavorecidos. En la repartición de estos derechos de propiedad se podría redistribuir el ingreso y las oportunidades. Se trataría de hacer dueños a algunos sectores que están en desventaja; los indígenas, por ejemplo. Es una idea descabellada pero que ha funcionado, y muy bien, en Estados Unidos. Después de más de tres siglos de subyugación, finalmente algunos pueblos nativos norteamericanos han recuperado su dignidad humana. El caso más impresionante y exitoso es el de los pequots.
Antes de que llegaran los conquistadores europeos, esta tribu tenía una población de ocho mil personas en lo que hoy es Connecticut. Su contacto con los colonizadores fue brutal. Les quitaron sus tierras. A algunos los expulsaron y a otros los mataron. Para 1774, sólo quedaban 151. Dos siglos después, prácticamente habían dejado de existir.
En una pequeña reservación vivían dos descendientes de pequots: Elizabeth George de 78 años y su sobrino, RichardSkipHayward. Éste tenía la ambición de restablecer la antigua gloria de sus antepasados. Primero, convenció a su familia, que estaba desperdigada por el territorio estadunidense, de regresar a la reservación. Luego demandó al estado de Connecticut y consiguió que les devolvieran varias hectáreas de territorios confiscadas. Posteriormente, lograron que el Congreso los reconociera con el estatus de nativos americanos. A mediados de los ochenta, decidieron instalar un salón de bingo que resultó ser muy rentable.
El caso de la legalidad del juego en las reservaciones indias fue resuelto por la Suprema Corte de Justicia en 1987. Se otorgó soberanía plena a las reservaciones indias en este asunto. Así, la ilegalidad del juego con apuestas no podía aplicarse en territorios considerados como indios. En la práctica, esta sentencia concedió derechos de propiedad de bingos, casas de apuestas y casinos para los grupos nativos.
Los pequots rápidamente montaron su casino. Se asociaron con compañías que tenían experiencia en el montaje y operación del negocio de las apuestas. Hoy los pequot son dueños del casino más grande de Estados Unidos. Foxwoods es un complejo que incluye una serie de torres con capacidad de mil 400 cuartos, un centro comercial, salones de convención, restaurantes, campo de golf y, por supuesto, un casino con seis mil máquinas tragamonedas, 350 mesas de juego, el salón de bingo más grande del mundo y un espacio de apuestas deportivas. Se calcula que reciben más de 16 millones de visitantes al año. Emplean a más de 12 mil personas. Hoy es posible ver lo que hace veinte años era inimaginable: los caucásicos son empleados de los indios.
El éxito de esta empresa se ha traducido en un gran bienestar para la comunidad. La tribu hoy consiste en más de 600 miembros con un ingreso anual superior a los mil millones de dólares. La mayoría son menos de un octavo pequot. A la comunidad sigue llegando gente que reclama su derecho de pertenencia. Si se verifica esto en una lista del censo de 1910, el interesado y su familia reciben una vivienda gratis, educación gratuita hasta posgrado, trabajo en la tribu con un salario de comienzo de 60 mil dólares más bonos y seguros médicos completos. Muchas personas que antes vivían en la pobreza, dependientes del subsidio estatal, hoy son socios de una empresa capitalista muy rentable. Si antes se lamentaban por su pertenencia indígena, ahora se sienten orgullosos de ésta.
¿Podría hacerse algo similar en México? ¿Entregarle los derechos de propiedad de este rentable negocio a grupos, como los indígenas, que históricamente han sido excluidos del desarrollo? Se ve muy difícil. Pero la dificultad no tiene que ser la razón de por qué no pensar en hacer justicia con políticas públicas audaces.
* Periodista y columnista mejicano
Fuente: Diario Excelsior
http://eldiario.deljuego.com.ar/submenuopinionatenerencuenta/215-casinos-indios.html

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