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Pueblo Originario | December 18, 2017

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La Antigua Provincia de los Diaguitas: Arte y recreación

La Antigua Provincia de los Diaguitas: Arte y recreación

DECORACIÓN, MÚSICA, DANZA: La decoración está representada por las pictografías, tan numerosas en toda el área diaguita y las cuales llegan hasta la provincia de San Juan, es decir, hasta su límite meridional extremo. Todavía no se ha formado un corpus general de este tipo de representaciones artísticas. Son grafitos cuyo simbolismo final se desconoce. Ignoramos qué significa en la mayoría de los casos y hasta si los numerosos signos o figuras que suelen integrar cada piedra decorada son producto de una misma artista o de varios, así como si son contemporáneos entre si. Generalmente se trata varias representaciones, no de figuras aisladas. Además de las numerosas pictografías publicadas, existen en la documentación gráfica de la colección Muñiz Barreto, que forma parte de los tesoros arqueológicos del Museo de la Plata, una gran cantidad de material gráfico inédito, con sus indicaciones de procedencia, que está a estudio del autor de este capítulo.
Las figuras que integran estos conjuntos están realizados según técnicas que van –por el proceso de estilización creciente que hemos visto para la alfarería- de la representación verista a la estilización geometrizada. En estos últimos casos, se trata de meros círculos –con o sin punto central- triángulos, líneas rectas, curvas, en zigzag, grecas, etc., cuyo lejano antecedente verista se nos escapa. En el primero, suele ser hombres, que aparecen agrupados en escenas de conjunto, como las célebres grutas de Carahuasi, y su importancia para la dilucidación de diversos problemas de reconstrucción de la vida indígena –el del armamento y vestido, por ejemplo- puede ser extraordinaria. Los animales están, también, copiosamente representados, siendo la auchenia – eje de la economía animal del diaguita- la más reiterada. El ñandú o avestruz y algunos felinos –el jaguar, casi siempre- son los que le siguen, aunque a bastante distancia.
Boman ha realizado una lista de los lugares que poseían petroglifos que hubiesen sido publicados hasta 1908. Después de esa fecha, sólo se han dado ha conocer algunos casos aislados, sin tentarse una nueva interpretación de su sentido. Boman desecha, con razón, la idea de ver en ellos una escritura ideográfica. En efecto, es tanta su diversidad, que puede decirse que no hay dos completamente iguales, salvo aquellos que presentan signos que como triángulo o el círculo con punto central tienen una difusión ecuménica. Si se tratara de una escritura deberían repetirse los signos, y sus combinaciones, en numerosos casos, Boman les considera ensayos de un arte primitivo, añadiendo que los signos que no son representaciones realistas de objetos reales, son ornamentos y no signos ideográficos convencionales. Y, dado que es imposible que se trate de un simple pasatiempo, cuando significa tanto trabajo, il est très posible que quelques-uns aient une fine religieuse. Agreguemos, en apoyo de esta tesis, que no es incompatible con la primera, pues sabemos por el ejemplo de todos los pueblos primitivos, que en ellos el arte nace como una manifestación de la religión o de la magia. Arte y magia son dos aspectos de una misma actividad.
La música, como cuadra a un pueblo tan guerrero, tenía un cierto tinte militar. Lozano nos advierte que tocaban pingollos y cornetas, como preludio del ataque, cuando advertían la presencia de sus enemigos los españoles, como también que una de sus parcialidades –los capayanes- hizo lo propio al proceder a martirizar a un sacerdote. Es que, en verdad, pingollos y cornetas son sus instrumentos bélicos.
Otro tipo de música es el que fluye de la flauta de Pan, utilizada por todos los pueblos de la cultura andina. Las hubo de distintos tipos, que, probablemente, respondían también a diversos criterios musicológicos. El autor de este capítulo ha señalado, en una monografía reciente, que el área de distribución de estos instrumentos en piedra es mucho más septentrional que la de los mismos elaborados en caña o arcilla. Por ello no es de extrañar que el único ejemplar que se conoce de este tipo en territorio diaguita, haya sido hallado por Ambrosetti en la localidad de La Paya que es, precisamente, uno de los lugares extremos de difusión norte de esta cultura, en donde halló, también, una piedra blanda preparada para que el primitivo artista labrase en ella otra pieza análoga. Por cierto que en La Paya también fue encontrada otra flauta análoga de madera, hallazgo precioso y rarísimo por lo perecible del material empleado. Y no puede olvidarse la ratificación del uso de la flauta de Pan que –desde otro ángulo- marca la tableta de ofrendas de la misma ciudad, en cuyo extremo se observa al flautista de otrora, acurrucado en la actitud frecuente al indígena norteño en actitud de arrancar de su siringa la plañidera melodía. Y por cierto que sería imposible dejar de recordar, en este género de ratificación, el famosísimo ídolo-tinajas de Amaicha, que es una de las más bella manifestaciones de la cerámica diaguita.
Además de éstos, los indígenas de toda la zona –de Salta a San juan- poseyeron flautas simples, silbatos y ocarinas. La señorita Bregante ha realizado un inventario de esos hallazgos y una enumeración de la bibliografía que así lo prueba. Agreguemos, aún las bocinas o trompetas hechas con mates o canutos de huesos preparados como silbatos, así como los tambores –o cajas, como les llaman los primitivos actuales – tal el que Ambrosetti halló en el rico depósito de La Paya, <> y al que no le faltaba ni <>, todo lo cual, con los cascabeles formados de nueces de nogal silvestre (juglans australis), forma un outillage musical bastante completo.
Al son de estas músicas debieron verificárselas danzas, cuyo cuadro de embriaguez y de sacrilegio nos señala someramente Lozano. Recordemos, igualmente lo que Techo nos cuenta respecto de las danzas y saltos con que velaban a los cadáveres. Por último, el hallazgo de una máscara de piedra nos permite advertir de verdaderas pantominas rituales.
JUEGO Y RECREACIONES.-
En verdad -aunque el tema pueda vincularse a estos hallazgos a que acabamos de hacer referencia –nada sabemos acerca de sus fiestas y diversiones de este carácter. Las complicadas ceremonias festivas del Chiqui y de la Chaya, como otras de ese mismo género que actualmente celebran los mestizos, no podemos afirmar que tengan relación directa con las que verificaban los pueblos que los españoles hallaron allí asentados.
La introducción forzada, el siglo XVIII, de un fuerte elemento quichuista –representado por el vestido y ciertos usos y costumbres introducidos por el conquistador, y por el factor lingüístico, que el misionero trajo como lingua general- han traído como consecuencia una fuerte modificación del tono de la vida y su correlativa transformación en la masa pobladora actual.
Elemento étnico extinguido, el diaguita se ha llevado a la tumba el secreto de esos detalles tenues y delicados de su estructura social. Sus juegos, su literatura –si existieron- se nos escapan y sólo palpan nuestros esfuerzos ávidos los restos materiales de su cultura desaparecida.
(1) Por otra parte, como en el plan de esta Historia hay un capítulo especial sobre lenguas, el autor del presente capítulo lamenta tener que dejar de lado toda consideración de problema lingüístico y, los referentes al cacán y al capayán.

fuente: LA ANTIGUA PROVINCIA DE LOS DIAGUITAS
Por FERNANDO MARQUEZ MIRANDA

BIBLIOGRAFIA PRINCIPAL:
a) FUENTES HISTÓRICAS:
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La información levantada por el procurador del Cabildo de Santiago del Estero, Alonso Abad, entre vecinos, destinada a demostrar los notables servicios prestados por dicha ciudad en el descubrimiento y conquista de la comarca del Tucumán en Roberto Levillier, Gobernación del Tucumán, Correspondencia de los cabildos en el siglo XVI, en Colección de publicaciones históricas de la Biblioteca del Congreso argentino, 117, 126, Madrid, Rivadeneyra, 1918.
P. ALONSO de BARZANA, S.J., Carta del P. Juan Sebastián, su provincial, en Relaciones geográficas de Indias, Perú II, Madrid, 1885.
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b) BIBLIOGRAFÍA ANTROPOLÓGICA.
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c) BIBLIOGRAFÍA ARQUEOLÓGICA.
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