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Pueblo Originario | May 24, 2017

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Los lules de San Miguel de Tucumán en el siglo XVI – XVII – Encomiendas – 5º parte

Los lules de San Miguel de Tucumán en el siglo XVI – XVII – Encomiendas – 5º parte

Los pueblos Lules Untiexitas y Camanxitas en los Manantiales de Tucumán: La encomienda de Melián de Leguisamo, de acuerdo a la modalidad seguida en San Miguel de Tucumán en la temprana colonización, nació como encomienda multiétnica. Los Lules habían sido encomendados con otros pueblos de la “Provincia de Salí que agora se dice de Los Lules al capitán Juan Núñez de Guevara” (AHT sección Administrativa 1 f 70) La encomienda nucleaba pueblos de diversos ambientes ecológicos: los tafíes, que tenían un doble asiento, en el valle homónimo y en la falda de las sierra (Hoy Tafí Viejo); los solcos, que habitaban “la cuesta agria de la sierra” y los lules, que ocupaban el estero de Marlopa, en la llanura, junto al Salí. A la diversidad de etnias, se unía la diversidad de ambientes ecológicos, los que tenían también otras connotaciones: lugar de residencia y/o ámbito de trabajo. En la falda de la sierra vivían los tafíes; los Manantiales eran reconocidos como antiguo asiento de los Lules y como la ramada en la que se estableció la primera carpintería; y el Pueblo de los Lules, a una y media legua de los Manantiales, era a la vez aquel el lugar de reasentamiento de los lules, adonde habían sido reducidos para su servicio por el capitán Melián de Leguisamo, el centro adonde, en un segundo momento, convergía la fuerza de trabajo; adonde bajaban los tafíes a trabajar con los lules y los solcos. No había una jerarquía en las denominaciones. Pero si en la división del trabajo: los lules y los solcos eran maestros carpinteros; los tafíes les ayudaban cortando madera en el monte y haciendo sementeras de trigo y maíz. Todos carreteaban hasta Santiago y traían ganado de Santa Fe. Pero los tafíes representaban el grueso de la encomienda. “solo el pueblo de Tafí tenía 300 indios de visitación que con otros pueblos más eran 1500 indios de visita/..7” (1653 AHT Secc. Administrativa Vol 1 fs 70-75.) Entre los pueblos se contaban, además de los lules y solcos, los anexos a los tafíes: amfamas, amaichas y siambones, estudiados por Rodolfo Cruz (1997). Los lules constituían la mano de obra estable “al servicio” de los Leguisamo. En medio de “espesuras  de bosques” construyeron la bocatoma y la acequia para el molino de la estancia de San Antonio del Capitán Melián de Leguisamo. Hacían sementeras de trigo y cebada y maíz; trillaban, atendían la molienda y el ganado. Maestros de carretas, junto a los solcos tributaban una carreta por semana. Pero también los Leguisamo disponen libremente de ellos: “y sabe este testigo que todas las veces que habían menester indios para cualquier obra que les ofrecían a su encomenderos iba un español mayordomo y traía a todos los que quería, porque en aquel tiempo eran muchos y ahora no son pocos” (1653. información mandada por el Alcalde Diego García de Valdez de la Banda. AHT Secc. Adm. Vol. 1 62-69). Este beneficio otorgaba a los encomenderos un margen de ganancias considerable sobre las rentas obtenidas. Desde la perspectiva española, los lules eran “ladinos y resabidos”, fundamentalmente por su manejo de diferentes lenguas, su capacidad de gestión y de negociación y la apropiación, en un contexto de relaciones interétnicas de marcada asimetría, de instrumentos legales y jurídicos utilizados por los españoles. Los lules hablaban kakano y especialmente tonocoté y en menor medida, el quichua (lizondo Borda 1938: 37), lenguas adoptadas probablemente al compartir diferentes nichos ecológicos con otros grupos. Esto se evidenció en los juicios, en los que generalmente no necesitaban de intermediarios, salvo protector de naturales: “/../ “presentó por testigo a Baltasar Aso, natural de Undequixit, de la encomienda de Melián de Leguisamo, del cual por hablar lengua del Perú, no fue menestar nombrar lengua por entenderlo Su Señoría” . Su capacidad de gestión se manifestó también en forma temprana. Por una parte, en la serie de juicios que antepusieron para el amparo de sus tierras y sus recursos (reconocidos por los gobernadores Ramírez de Velazco y Quiñones Osorio). Al denunciar la falta de pago de su trabajo por Juan Jordán de Trejo, ante el cual el alcalde ordinario Diego García de Valdez mandó “se coja el maíz y se haga trillar para de lo procedido de esto y de lo que tocare al dicho Juan Jordán se les haga pago de lo que se les debiere a ellos y a los demás indios serranos” (ADT Propiedades Jesuíticas). Y en su capacidad de negociación con los españoles, como la venta de mantas de la tierra y de los animales. Estas transacciones, junto con la venta de su trabajo personal, reportaban al grupo una entrada en dinero. A esto se sumaba la entrada en natura, fruto de la labranza de sus tierras, de la reproducción de su ganado, la pesca y la recolección de frutos y miel. En forma recurrente los documentos hacen referencia genérica a los lules o al pueblo de los lules, sin hacer diferenciaciones étnicas. Las primeras, que datan de 1604, resultan de un documento administrativo en el cual los indios hacen de testigos; su identificación incluye su origen: “ Baltasar Aso, natural de Undequixite, de la encomienda de Melián de Leguisamo…” (Secc. Judicial Civil Serie A c.2, Exp 21). Si observamos el cuadro nº 1 en una primera lectura encontramos que la transcripción de los nombres de los pueblos encomendados a Melián de Leguisamo varía a través del tiempo. Nos preguntamos si se trataría de pueblos diferentes, de defectos de expresión de los intermediarios o de manipulaciones de los encomenderos. La confrontación de diferentes documentos nos llevó a la siguiente conclusión. Los pueblos lules encomendados originariamente fueron undequixit y camanxita. Ambos formaban parte del ecosistema de los Manantiales. Para Pablo Cabrera el nombre undequixit sería una de las tantas inmutaciones del nombre untiexita y entras, señala: untiexit, undequixita y utijistes. En el cuadro nº 1 podemos ver aún más variaciones, como contieccita, utinguiste o utilita. Algunos de estos nombres se mencionan sólo una vez. Las manipulaciones de los encomenderos para cubrir sus irregularidades, no eran ajenas a esta confusión. La desagregación de algunos grupos de su tronco principal para entregarlos en dote, fue una estrategia practicada por los Leguisamo, como el llamado Pueblo de Utixistes, desagregado del pueblo Undequixit o Untiexita , que después de morir el capitán, Da Aldonsa de Guevara dio en dote “a su hija Da. Catalina de Leguisamo cuando la casó con el capitán Bernaue García de Valdez ha más de cincuenta años”.(1656 ADT Escrituras de Propiedades Jesuíticas). El más común fue el de Untiexita. Respeto al pueblo de amán, si observamos el cuadro nº1 vemos que su nombre aparece por primera vez en 1638, luego de la muerte del alférez y su cacique es Amán y que diez años después, el pueblo de utingiste tiene por cacique a Don Antonio Amán y en 1653 a D. Antonio Achan. Salvados los defectos de transcripción, nuestra hipótesis es que el pueblo de amán es el mismo pueblo de camanxita de 1604. Entre 1642 y 1658 untiexits , utixistes y amán, tenían una memoria común. Coincidían en la visita del oidor Alfaro, su mudanza de los Manantiales por Melián de Leguisamo, su pedido de amparo de las tierras originarias y la obtención de la Provisión Real. Paralelamente al problema de sucesión de la encomienda y a la pretensión de Juan Jordán de Trejo sobre los indios y tierras, culminaría una etapa más en el proceso de cohesión étnica de undequixit y camanxitas. La comunidad lule, que compartía el derecho sobre el territorio de los Manantiales y sus recursos, desarrolló una nueva lógica, como forma de autodefensa. Un solo cacique representa a amán y utigistes y se afirma legalmente el derecho sobre las tierras originales. En el padrón de 1653 se visualiza una organización más compleja. Además del cacique, don Pablo Cilcap, los lules tenían un alcalde Don Pasqual Gualasqui, que cumpliría sólo un papel regulador interno; en el padrón de 1681 se consigna su muerte y la figura del alcalde desaparece. A partir de 1653, el etnónimo lule comenzó a imponerse y desaparecieron totalmente las diferenciaciones étnicas. En 1653 Da. Jualiana Faxardo de Tapia era encomendera de lules y solcos. Y en 1711, encomendados a Da Claudia Costilla de Roxas, los lules fueron empadronados como parcialidad, agregada a Tafí. No conocemos el número de lules que integraban la encomienda original. La misma contaba con 1500 indios de visita, de los cuales 300 eran tafíes. El primer padrón al que accedemos data de 1637  y fue ordenado por el gobernador Phelipe de Albornoz al vacar la encomienda por la muerte del alférez. Los indios de tasa “naturales de los pueblos y parcialidades de solco nación tonocoté y lules y diaguitas son todos 42 indios…los 9 del pueblo de solco, los 6 de lules y los 27 de tafí y amfama, nación diaguita” (1637. Santiago del Estero AHT Arch. Padilla c 23; f 00071 copia del Archivo Gral de Indias. Aud. De Charcas, Leg 102). En 1653 los varones de tasa aumentaron en un individuo, pero la tasa ausente representaba más de la mitad. En 1650, el gobernador D. Francisco Gil Negrete afirmaba que Alonso de Urueña “me hizo relación diciendo que muchos de los dichos indios de su encomienda con sus familias andan fuera de su natural y desmembrados de su tronco”. Las Guerras Calchaquíes y la vacancia de la encomienda habían provocado nuevas escisiones de los pueblos de su tronco principal y la huida de muchos indígenas que buscaron protección en el Valle. Largos pleitos iniciados a la muerte de Da. Jualiana Faxardo de Tapia entre su segundo marido, Alonso de Urueña y Juan Jordán de Trejo primero y Francisco de Abreu y Figueroa después, influyeron en la disipación de la encomienda, hecho notable entre 1681 y 1711 (ver cuado 3) En 1681, la guerra había terminado; falta la mano de obra se hacía sentir. La redistribución de la fuerza de trabajo generó el acaparamiento por parte de fuertes feudatarios, como en el caso de D. Pedro de Ávila y Zárate que reunió varias encomiendas. Para obtener la posesión real de la antigua encomienda de los Leguisamo, que le otorgara el gobernador Juan Diez de Andino, pidió se levantara un padrón. En él observamos la “disipación” de la encomienda (ver cuadro nº 3). De tres familias que la integraban, sólo un varón aportaba la tasa. De las 8 familias de 1653 con 7 hijos varones y 6 mujeres menores todos, en 1681 sólo quedaban 3 familias con 5 hijos menores y en 1711, una sola, sin hijos. Sólo pudimos hacer el seguimiento de una familia la del alcalde Pasqual Gualasqui. En 1653 tenía 48 años, era caso y sin hijos. En 1681 figuraba como difunto; sólo quedaban su mujer Magdalena y su hijo Luis, de 12 años. En este último año, los lules fueron empadronados como parcialidad, agregados a los tafíes.

Cuadro 3: Pueblos Lules camanxitas y untiexitas (1638-1711)

padrón Cacique Alcalde Varón Tasa Ausente Retasa Reservados Nº de familias Mujeres Hijos menores
va mu
1638 6
1653 D. Pablo Silcap Pasqual Gualasqui 7 8 2 3 8 7 7 6
1681 D. Antón Amado 1 2 3 3 3 2
1711 D. Pedro Menenses 2 1 1

1653- ADT Padrón mandado a hacer por el alcalde ord. Diego García de Valdez, para el pago del trabajo de los indios 1681- AHT Padrón realizado a pedido de Avila y Zárate, para tomar posesión real de la encomienda. 1711- AHT. Empadronamiento general para cobranza de tributos. Como cabeza principal se encontraba el hijo del cacique de nombre europeo. Es de notar que en los padrones los nombres de los indígenas son europeos y no figura su apellido, salvo en el caso del cacique y el alcalde. Diferente factores influyeron en el descenso de la población lule: su estilo de vida semi sedentario; la huida por malos tratos, como os que les infligía el alférez; los largos años de guerra, en las que si bien no estuvieron directamente implicados, influenciaron en la comunidad. Y, fundamentalmente, las inflexiones producidas cada vez que vacaba, la encomienda. Además, los sucesivos destroncos de la encomienda originaria y no sólo por dotes, ya apuntadas, sino también para recompensar a aquellos, que habían arriesgado su vida y su fortuna en la conquista del Valle Calchaquí, obraron en la desestructuración de lo que quedaba de la comunidad lule, provocando el desgajamiento de algunas familias junto al repartimiento de pueblos anexos a los tafíes, como en el caso de los amaichas. La insalubridad del trabajo en la carpintería de la estancia. Ubicada primero en la ramada de los Manantiales, donde sufrían de constantes “inflamaciones” (bosio) y luego a la zaga de la tala, en medio del bosque nublado, donde la gripe hacía estragos sobre todo en el verano, por la intensa humedad. A más las pestes generalizadas en el espacio surandino entre 1597 y 1637, que registrara Thierry Saignes (1987: 146 -147): viruelas, sarampión, catarro, tabardillo, garrotillo, alfombrilla. A todo lo cual habría que unir otros elementos apuntados por Estela Noli (1998: 64): la expansión de las estancias ganaderas (sesgo que había adoptado la de Leguisamo); hacia 1620 el colapso de la agricultura de los pueblos semi sedentarios que habían perdido la posibilidad de rotar las tierras: “el cambio en la dieta indígena por la pérdida de la capacidad productiva de maíz y la introducción de la carne /../ de ovejas y puercos” constituyeron los factores de degradación de la comunidad lule de untiexitas y camanxitas.

REFLEXIÓN FINAL Los lules que habitaban la jurisdicción de San Miguel de Tucumán en los siglos XVI y XVII se identifican con los “lules antiguos” (Lirondo Borda) provenientes de la periferia sudoccidental del Chaco, que se expandieron por la Provincia del Salí y que fueron los primeros encomendados. La provincia del Salí albergaba asentamientos lules y tonocotes. Se extendía por la cuenca del río homónimo, desde los valles y llanos de Choromoros y Burruyacu, al norte hasta la desembocadura del Gastona, al sur. Sus límites occidentales se encontraban en el Valle de Tafí y los valles ubicados al oriente de las Cumbres Calchaquíes y de Mala Mala. El núcleo principal de la provincia del Salí eran los Manantiales (el sitio viejo del Salí), donde estaban asentados lo pueblos undequixit y camanxita, que en forma muy temprana se encomendaron al capitán Juan Núñez de Guevara y que a lo largo de un siglo se mantuvo en posesión de sus descendientes, la familia Leguisamo. La fuerte  presencia de los lules y en la Provincia del Salí, determinó su cambio de nombre por el de la Provincia de Los Lules. Frente a los embates de la sociedad colonial, en forma muy temprana los lules desplegaron respuestas adaptativas, por lo que los españoles los calificaron de “ladinos y resabidos”. Reducidos por el alférez Melián de Leguisamo en su estancia de San Antonio a 1 y ½  legua de distancia de los Manantiales, undequixit (untiexitas) y camanxitas constituían la mano de obra estable, “el servicio” de los Leguisamo. Sin embargo, en forma recurrente los documentos hacen referencias genéricas a los lules o al pueblo de los lules, sin hacer diferenciaciones étnicas, las que surgen con muchos casos como formas de manipulación identitaria por parte de los encomenderos. A mediados del siglo XVII, untiexitas y amán (como se denominaban entonces los primitivos camanxitas), tenían una memoria común. Coincidían en la visita del oidor Alfaro, su mudanza de los Manantiales por Melián de Leguisamo, su pedido de amparo de las tierras originarias y la obtención de la Provisión Real. Un solo cacique comenzó a representarlos pero, a partir de 1653, el nombre de lules empezó a imponerse y desaparecieron las diferenciaciones étnicas. En 1711, los lules fueron empadronados como parcialidad agregada a Tafí. En esta fecha culmina la inflexión iniciada hacia 1681, que marca la disipación de la encomienda de undequixit y camanxitas.

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